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La cadena depende de los eslabones.

Publicado el 07/07/2017 en Actualidad

“Adam Smith dijo que para el mejor resultado cada miembro de un grupo debe hacer lo mejor para sí mismo… esto es incompleto, incompleto… porque para conseguir el mejor resultado, cada miembro del grupo debe hacer lo mejor para sí mismo y para el grupo”. Esta frase fue enunciada por Russell Crowe, cuando interpretó magistralmente al genial matemático John Nash en la recordada película Una mente brillante. John Nash recibió el Premio Nobel de Economía en 1994 por su aporte a la Teoría de los Juegos.

¿Qué tiene que ver todo esto con la crisis de la lechería en la Argentina? Muchísimo. La cadena láctea argentina está integrada por muchos miembros: productores, proveedores, transportistas, industriales, distribuidores, comercios, consumidores, gobierno, etcétera. La integración entre ellos es crucial para el éxito de la actividad. Entonces, ¿qué pasa si un eslabón se debilita? Toda la cadena se reciente. Aquí es donde comienza la parte central del mensaje.

La cadena láctea

El sector primario de la cadena, que es el sector productivo, recibe su compensación económica por su actividad multiplicando el precio de la producción (es decir, la leche) por la cantidad producida (o sea, los litros).

Cada productor individual elige, según su estrategia productiva, cuánto producir. La sumatoria de cada decisión individual es la cantidad que el mercado recibe como oferta.

Por su parte, la demanda del mercado se divide en dos: el mercado externo y el interno. El primero es principalmente abastecido por la producción de países con bajos costos de producción, y el segundo está muy influenciado por el poder adquisitivo de su conjunto.

Si el precio que recibe el productor es aquel que resulta del punto de equilibrio entre la oferta y la demanda; veamos cuáles pueden ser los principales factores que influenciaron la crisis, y qué propuestas se pueden desarrollar para revertirla.

Crisis y alternativas

El nudo del problema es el ciclo histórico de la lechería nacional. Cuando existe una devaluación de la moneda -debido a una crisis económica- el poder adquisitivo de la población se resiente y la cantidad demandada de lácteos también. Ello conduce a que, a la misma cantidad ofertada, los precios de los mismos disminuyen.

Al disminuir los precios se desincentiva la producción y la misma cae.

Al tiempo, cuando el poder adquisitivo mejora y por consiguiente también la cantidad demandada, se encuentra con una oferta restringida que hace subir con fuerza los precios. Allí, el productor se hace eco de estos precios y aumenta con fuerza la cantidad ofertada, hasta el límite de absorción por parte de la demanda.

En ese momento se abren dos alternativas: una, la colocación de los excedentes en el exterior si en ese momento el precio internacional es al menos igual al mercado interno; y la otra -que es la habitual-, se sobreoferta el mercado, los precios caen y se reanuda el ciclo nuevamente.

En todo este ciclo existen ganadores y perdedores, y se establece lo que se denomina un juego de suma cero, significando que lo que gana un miembro es exactamente lo que pierde el otro.

Aquí es donde debe primar la estrategia ganar-ganar en la que todos los miembros se vean beneficiados por el resultado obtenido.

Los mismos actores de la cadena de valor láctea enunciados al principio son los que deben romper con este círculo vicioso y ser creativos en encontrar pautas que los relacionen e integren de manera que ninguno salga perjudicado.

Como suele ocurrir con estos casos, lo más difícil es encontrar el consenso y a los actores dispuestos a avanzar en las políticas necesarias para lograr una lechería más justa y competitiva.

Pensar en conjunto

La cadena láctea está atravesando un entorno turbulento, al cual es imperioso que se lo enfrente primando la sensatez y el diálogo constructivo para encaminar a la lechería argentina al puesto de privilegio al que puede acceder en virtud del potencial que le brindan sus ventajas comparativas.

En la teoría de juegos y en la teoría de los procesos de negociación de la vida, en verdad es importante confiar en el otro, única posibilidad de lograr que el mejor resultado para cada miembro de los grupos en que nos movemos, sea hacer lo mejor para cada uno de nosotros mismos y para el grupo.


Por Ricardo N. Alleman, Ingeniero Agrónomo y Magister en Agronegocios y Alimentos. Especialista en producción bovina. Profesor de nuestra Facultad de Ciencias Agropecuarias.

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