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La economía del cambio climático

Publicado el 23/11/2015 en Administración y Economía

Distintas disciplinas, entre ellas la economía, se ocupan de estudiar la problemática del cambio climático. Y es que ya nadie puede negar que las inundaciones, el derretimiento de los polos, el invierno cálido que pasamos este año, y muchos otros desastres naturales, son efecto del calentamiento global, un fenómeno que trae serias consecuencias para las personas y el mundo que habitamos.

Una gran oportunidad para que los países del mundo nos pongamos de acuerdo e intentemos subsanar este problema, se dará del 30 de noviembre al 11 de diciembre en la Cumbre de París. Allí, representantes de los países se reunirán para negociar un nuevo acuerdo para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero. La conferencia debe alumbrar un protocolo que sustituya el de Kioto y en el que  se pretende como objetivo principal limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C.

Dialogamos con Anna Topp, docente e investigadora de la Europa Universtät Viadrina Fankfurt, en el marco de un encuentro organizado por nuestra área de Cooperación Internacional e Intercambio Académico. La especialista forma parte de un proyecto para investigar y generar instrumentos que permitan poder llegar a un acuerdo internacional para la protección del clima. El equipo que conforma en Alemania busca, entre otras cosas, ofrecer datos y hacer recomendaciones al Ministerio de Educación e Investigación de ese país, para que pueda intervenir de la mejor manera posible en las negociaciones que se llevan adelante a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

–¿Por qué la economía se ocupa del cambio climático?

–La economía nos dice que no hay un precio por cuidar el medioambiente y entonces las empresas no tienen ningún incentivo de buscar procedimientos, técnicas o alternativas para no dañarlo, usando en exceso los recursos. Por eso también es muy difícil frenar y revertir este fenómeno. El medioambiente es un bien público: todos podemos usarlo sin ningún costo, entonces nos abusamos de él. Así es como se genera el cambio climático. Pero la protección del clima también es un bien público. Si uno intenta reducir las emisiones de gases de efecto invernadero todos se benefician.

No hay una rivalidad en el consumo de un bien público. Si uno protege el clima, se benefician todos igualmente, pero no se puede excluir a nadie del consumo de un bien público. Esta característica es lo que dificulta las cosas: yo no puedo decirle a alguien que porque no hizo nada para proteger el ambiente no puede beneficiarse del mismo.

Por esta razón, nadie quiere asumir el costo, pero todos quieren beneficiarse del ambiente. Eso es un fallo del mercado y para solucionarlo hay que buscar cooperación. Parar el proceso, o estabilizar la temperatura es una tarea muy difícil porque requiere de un esfuerzo global en donde los países industrializados deben buscar nuevas tecnologías y ver la manera de crear una financiación internacional para proyectos de mitigación, para reducir las emisiones desde los países emergentes.

–¿Cuáles son los últimos avances que se han conseguido en la ONU respecto a este tema?

–El protocolo de Kioto fue un avance muy importante porque muchos países se obligaron a reducir sus emisiones. El problema es que solamente duró siete años y el cambio climático es un problema de largo plazo. Una vez cumplidos en 2009, los países debían negociar otro protocolo que determinara metas y al final fue un fracaso porque lo firmaron muy pocos. Desde entonces siguen las negociaciones y los países solamente reportan cada año cuanto redujeron las emisiones y qué métodos utilizaron.

En noviembre de este año habrá una nueva oportunidad en una conferencia que se realiza en París y en a que los países quieren llegar a un nuevo acuerdo. Será difícil porque lo Estados Unidos no quieren ponerse una meta y en cambio los países europeos, sí.

Lamentablemente las emisiones están creciendo debido al gran desarrollo de las economías y también de los países emergentes. Para estabilizar el clima hay que llegar a un punto en que la balanza de emisiones sea cero.

–¿Cómo se logra?

–Hay tecnologías que capturan y transforman los gases, y es necesario buscar otras formas de energía renovables.

Lo importante es conseguir que los países se involucren más en proteger el clima. Para ello, hay que ayudar con una financiación a aquellos que no disponen de recursos. En las negociaciones de la ONU hemos llegado a instalar esta idea y los países han prometido financiarlos a través de una alternativas como el Green Climated Fund. A partir del año 2020 entregarán 100 millones de dólares por año para este cometido. En nuestra investigación queremos evaluar los efectos de esa financiación, pero lo vemos como un avance.

–Si los países industrializados son de los que más contaminan ¿Por qué piensan que esto puede solucionarse con dinero?

–El capitalismo funciona así y la economía es una de las grandes responsables de las emisiones. Por eso hay que tomar también medidas económicas para ayudar a los países para que puedan incentivar a las empresas a buscar métodos más verdes para producir.

Además, si uno analiza las emisiones por persona, los países industrializados son los emitentes más grandes pero, por ejemplo, China tiene muchísimos habitantes y eso la hace el emisor más grande del mundo. Por eso es importante que por una parte los países industrializados busquen nuevas tecnologías y por otra, ver la manera de crear una financiación internacional para proyectos de mitigación para reducir las emisiones desde los países emergentes.

–En Argentina los políticos no suelen incluir la problemática ambiental en sus propuestas ¿cómo es en Europa?

En Europa hay lobbistas de la industria pero también hay lobbistas verdes que intentan persuadir a los políticos de tomar medidas ambientales.

En Alemania, en particular la industria automovilística es muy grande y no quiere que tengamos estándares de emisiones para coches. Son empresas muy fuertes y tienen mucha influencia en la política y por eso Alemania está en contra de esos estándares en la Unión Europea, por la presión de la industria que dice que se van a perder muchos puestos de trabajo.

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