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Ciencia Política y RR II

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Presentación

Discurso de Asunción como Decana de la Facultad de Ciencia Política y RRII
Universidad Católica de Córdoba 

Estimadas autoridades, padre rector, sres. vicerrectores, sres y sras decanos y decanas, estimados colegas y compañeros de trabajo, estimados alumnas y alumnos, amigas y amigos,Hoy es un día de emociones diversas para mí. En primer lugar me es imposible obviar el marco en el que inicio mi tarea. Asumo una nueva responsabilidad y me integro a un equipo de trabajo excelente que sufrió un duro golpe con el fallecimiento de nuestro decano Alejandro Groppo y que a pesar de ello encontró las fuerzas, para seguir adelante. Esta circunstancia, que nunca esperamos y que significó tanto dolor personal para quienes fuimos compañeros de Alejandro, para sus alumnos y todos los que lo apoyábamos en ese desafío que con tanto entusiasmo había asumido, también sacudió institucionalmente a la facultad y a la universidad y provocó un proceso de reflexión profundo, que seguramente continuará, y que puso claramente de manifiesto la primordial naturaleza humana de toda organización.

Quizás esta conciencia fue lo positivo que emergió de la tristeza. La certeza que fortalecernos como facultad no sólo implica canalizar los esfuerzos en un plan estratégico hacia afuera, sino también fortalecernos individualmente y en los vínculos entre nosotros. Las personas son el sentido y la vida de las instituciones y por ello reconocer y preservar este valor es el alimento y motor de lo que hacemos en estos espacios. Los objetivos y metas no importan por sí mismos sino por lo que logramos colectivamente y esto pone en valor a aquellos con quienes hacemos lo que hacemos y al cómo lo hacemos. Esta es la moral y la ética sobre la que se construye nuestra identidad como miembros de una comunidad académica pero también la identidad con la que somos reconocidos en la sociedad en la que nos insertamos.
Es por eso, creo, que algunas de las consignas más fuertes que surgieron durante el proceso de reflexión que tuvo lugar durante este último mes, fueron la de preservar el capital social que conformamos, potenciar el trabajo colectivo y la confianza entre nosotros, valorar las diferencias y fortalezas particulares de cada uno de los que conformamos la facultad y construir una imagen meta compartida con la que nos identifiquemos que integre, simultánea y no secuencialmente, la investigación, la gestión y la proyección social. Estos desafíos me llenan de entusiasmo porque implican necesariamente la construcción colectiva. No creo en los proyectos unipersonales. Nadie puede cargar solitariamente ni alimentarse individualmente de un proyecto institucional. Por el contrario, he comprobado la fuerza de lo colectivo, y esto no constituye un romanticismo ni mucho menos; requiere de mucho esfuerzo, como nadar en contra de la corriente, pero luego de un buen trecho, cuando se construye confianza y se comprueba la eficacia de la acción, comienzan a sentarse las bases para nuevos modos de hacer.  
Se trata de un proceso de construcción permanente y deliberado que no surge ni se sostiene espontáneamente. Son necesarios mecanismos de vigilancia y reflexión permanente y para ello los espacios deliberativos y de comunicación que hoy tenemos y los que podemos generar pueden constituir el mejor resguardo para mantener el rumbo, para evidenciar contramarchas y encontrar alternativas consensuadas. No somos ingenuos, hacemos ciencia política y sabemos que los juegos de poder en las organizaciones existen, que en el contexto predominan lógicas excluyentes y centralizadas de construcción y que estas afectan a todas las organizaciones, también a la nuestra, pero justamente por eso también sabemos que es posible construir un tipo de poder sobre bases diferentes más coherente con la identidad que queremos definir, con los objetivos que queremos alcanzar y con la legitimidad social que queremos merecer.

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La tarea que hoy emprendo junto a uds tiene detrás una historia de poco más de cincuenta años, con aciertos y desaciertos, con éxitos y dificultades pero que, con todo, nos permite ser hoy lo que somos y seguir aprendiendo hacia adelante. Es muy importante contar ya con una base inicial, un horizonte que comenzó a vislumbrarse durante las reflexiones y conversaciones que ocurrieron  durante el último mes, conversaciones que no se agotan aún pero que hasta el momento dan cuenta de ciertos consensos y definiciones respecto a ¿Qué queremos ser? ¿Qué queremos hacer? ¿Cómo queremos hacerlo?
  • Decimos que somos y queremos ser cada vez más una universidad y una facultad que contribuye a formar hombres y mujeres de ciencia, conciencia y compromiso social, pero que esta misión no refiere sólo a la dimensión individual de las personas. Es muy importante no perder de vista que el proceso de construcción del conocimiento es eminentemente social y colectivo, que no basta con “detentar” el conocimiento sino que es necesario definir qué hacemos con él, que no se trata de ser conscientes de los problemas sociales sino de cómo contribuimos a una reflexión crítica que permita reconocer y visibilizar los obstáculos y factores que oprimen y excluyen, que no basta con la empatía con el sufrimiento del otro sino determinamos cuál es el aporte individual y colectivo que hacemos para la transformación social.
  • Decimos que queremos avanzar en “excelencia académica” pero que ésta no se define por sí misma sino por su interpretación institucional. Claramente sabemos que implica fortalecer la docencia y la investigación pero no cualquier docencia y cualquier investigación sino aquella que contribuye a lograr la misión que hemos definido. En este marco investigación, gestión y proyección social no son áreas o esferas específicas y escindidas sino que se conjugan. Cuando la proyección social motiva e impulsa a la investigación ésta naturalmente se potencia. La investigación se fortalece no sólo con buenos investigadores sino también con investigaciones con impacto social, con equipos sólidos que incluyen e impulsan a sus miembros, con la consolidación de líneas de investigación por las que podamos ser reconocidos. Por su parte la proyección social sin bases en un conocimiento sólido y confiable implicaría no sólo perder nuestra especificidad como politólogos y relacionistas internacionales, sino que además, sería olvidar que aquél es nuestro capital para la incidencia en los procesos sociales y, por tanto,  fundamental nuestro empeño en desarrollarlo.
Estoy convencida que lograr excelencia académica a la luz de la misión que hemos definido, no sólo contribuirá a fortalecer nuestra identidad y legitimidad social, sino también a captar recursos de diversas fuentes alineados con nuestros objetivos y potencialidades.
  • En el mismo sentido hemos iniciado desde hace tiempo una estrategia de vinculación con actores e instituciones que será necesario continuar y robustecer con una visión cada vez más ajustada del sentido y el para qué de la articulación y la cooperación. Esta política de vinculación debe incluir no sólo al medio externo e internacional sino a nuestro propio medio universitario en el que podemos encontrar muchísimo camino ya trazado y en marcha, a la vez que nuevas perspectivas que sólo pueden aparecer si nos damos a la tarea de reconocer al otro, a lo hecho y habilitar puentes que nos potencien mutuamente.
  • Hemos reconocido la importancia de los vínculos con prestigiosos centros académicos del mundo occidental y sus producciones en materia de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, nuestra facultad ha avanzado mucho en la integración a esas redes y esto ha sido muy importante, pero es necesario, al mismo tiempo, no olvidar nuestra inserción nacional y latinoamericana. Somos universidades situadas y el contexto, además de interpelarnos, constituye una fuente significativa de inspiración de estudios, de desarrollo del pensamiento e innovaciones institucionales y sociales. Seguramente que parte de nuestra excelencia y legitimidad devendrá de la vinculación y aportes que podamos hacer al desarrollo de nuestra disciplina en la región.
  • Decimos que queremos ser cada vez más una facultad en la que nuestros estudiantes y graduados pueden desarrollar y proyectar su vida profesional, destacarse por sus logros personales y sociales. Para ello será fundamental avanzar en la consolidación de un proyecto institucional compartido que contribuya a definir nuestra identidad y a instalar socialmente el para qué estamos? Qué es ser politólogo o relacionista internacional? Qué pueden esperar y que podemos esperar de nuestra profesión?
  • En consonancia con eso es necesario continuar y profundizar las actividades curriculares y extracurriculares, las prácticas profesionales, la participación en proyectos de investigación en la que nuestros alumnos puedan integrarse a dinámicas de trabajo y reflexión que siente bases para su proyección futura. Tenemos que seguir poniendo a disposición de Ud., alumnos, estas posibilidades y Uds. reclamarlas y aprovecharlas.
  • Por último y respecto a la cuestión del cómo hacemos las cosas en nuestra facultad quisiera rescatar en este punto la cuestión de la felicidad. El concepto de felicidad no ha sido particularmente abordado en extensión por la Teoría política, sin embargo podemos encontrar algunos autores que sí lo han hecho. En particular me gustaría destacar la perspectiva de William Thompson, un político y filósofo irlandés del siglo XIX, quien en contraposición con la visiones más individualistas sostenía que la felicidad no constituye una experiencia, ni un conjunto de experiencias sino más bien una condición social y que por tanto la clave de la felicidad reside en la estructura de las instituciones sociales que moldean las relaciones entre individuos en un contexto más amplio que condiciona sus vidas. Además del estado existen otras instituciones más que son significativas, aquellas en las que vivimos y trabajamos y que también deben ser entendidas en términos políticos. Para Thompson, es posible crear mejores condiciones para la felicidad si revisamos los principios y lógicas que predominan en nuestros ámbitos institucionales en los que transcurre nuestra vida cotidiana.  
Muchos hemos reflexionado respecto de esta cuestión en los últimos días. Seguramente lo que construyamos hacia adelante puede y debe incluir esta preocupación.

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En este punto de la historia de nuestra facultad, hay ya algunas definiciones claras desde la cuales partir. Podremos profundizarlas, pero fundamentalmente deberemos darnos a la tarea de traducir estos lineamientos en un plan que los concrete y que nos permita evaluarnos periódicamente. La marcha nunca se detuvo y continúa.
A partir de ahora continuaremos llevando adelante todo lo ya proyectado y comprometido, y mientras tanto avanzaremos en delinear un plan de metas que integre y explicite nuestra política de investigación, de formación de grado y pos grado, de capacitación y servicios de asistencia técnica, de proyección profesional, de proyección social y de gestión institucional, para los próximos años. Están todos invitados a hacer su aporte y para ello generaremos todas las instancias que sean necesarias.

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Ha sido muy gratificante para mí en estos días haber recibido de parte de muchos de uds tantas palabras de aliento y compromiso. Estoy muy agradecida y feliz por eso. Ese es mi principal aliciente. También agradezco la confianza y reconocimiento de mis colegas que creyeron que podía ser la indicada para asumir el decanato, al rector y al vicerrector académico por haber apoyado esa sugerencia y también por su confianza, a mi familia por ser el apoyo y soporte incondicional y permanente de todo lo que hago, a todos los que hacen parte de esta facultad que desde hace más de la mitad de mi vida es el ámbito que me permite aprender, imaginar y concretar tantas cosas.
A todos, mi compromiso de dar lo mejor de mí para todos los desafíos que nos proponemos y la certeza que les pediré que los llevemos a cabo juntos.

Muchas gracias.

Mag. Pamela Cáceres
Decana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
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