El aborto: diferentes miradas sobre un tema controvertido
Por Mónica Heinzmann, Diego Fonti, María Pilar Hiruela y José Alessio
Se ha instalado en la sociedad argentina el debate sobre el aborto, a raíz de los proyectos introducidos en ámbito legislativo para despenalizarlo o incluso legalizarlo. El tema involucra posiciones antagónicas y situaciones complejas.
Queremos ofrecer desde la Bioética algunos datos y reflexiones que contribuyan al diálogo, cuyo mentor y destinatario es el mismo: la sociedad, porque a todos nos compete.
¿Por qué una sociedad como la nuestra puede querer deshacerse de algunos individuos con el fin de evitar la muerte de otros? ¿Por qué oponer el derecho a la vida, a nacer, con el derecho de la madre a disponer de su cuerpo? ¿Acaso hay derechos más humanos que otros?
Desde las ciencias de la salud
(Mónica Heinzmann)
Sabemos que la vida humana comienza con la unión de los gametos, cuando se constituye un patrimonio genético nuevo. Por otro lado, conocemos las cifras de complicaciones y muertes vinculadas a los procedimientos de aborto clandestino, el drama y la desolación de mujeres abusadas y sometidas.
El problema es grave porque involucra a personas en situaciones límite, a mujeres en situaciones desesperadas ―frecuentemente pobreza y exclusión― que deben decidir en condiciones en las que tener suficiente lucidez es una posibilidad remota. ¡No es una decisión libre!
Es improbable que alguien que haya vivido esa situación haya salido indemne. Lo demuestran las secuelas que el aborto provoca ―y de las que poco se habla―. Más de de mitad de las mujeres que abortaron sufren consecuencias en su salud psicofísica y moral. El trauma posaborto, el llamado “luto prohibido”, por el duelo que no se puede hacer, puede permanecer en esa persona y provocar angustia, depresión y comportamientos autodestructivos, como bien lo conocen las organizaciones que se ocupan de las víctimas.
Aún el menos deseado de los embarazos, llevado adelante con un sostén adecuado y eventualmente con recurso de adopción, provocará menos secuelas que destruirlo.
Desde la reflexión ético-filosófica
(Diego Fonti)
La discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo se ilumina si se la piensa desde nuestra constitución como sujetos sociopolíticos y una comprensión compleja de la salud pública. La insensibilidad y la intolerancia convierten el debate en una discusión en la que se exponen argumentos incapaces de ver todo el sufrimiento involucrado. La búsqueda de un punto de partida responsable en un mundo con múltiples valoraciones morales en este tema obliga a formular algunas condiciones de posibilidad de una discusión seria con resultados socialmente legítimos, incluso cuando no todos admitamos para nuestras vidas las posibilidades abiertas en los acuerdos.
Habría dos series de condiciones para esta discusión: los datos de la realidad social y los marcos subjetivos de la toma de decisiones. Condición elemental es reconocer y hacerse cargo de lo que ya sucede. Es un deber social asumir moralmente las consecuencias de las normas que elaboramos. Los datos previos ―el aborto ya en práctica y fuera de regulación institucional, que una decisión así se tome y se ejecute contra lo legalmente estipulado, incluso a costa de la propia salud, las muertes y patologías producidas por las malas praxis en la intervención, y el lucro que esto genera― son la base misma del debate. Parte de la realidad son también los resultados de las decisiones. Sin hacer de ellos el único criterio de validez moral, los condicionantes previos y los efectos de nuestras decisiones sí participan en la evaluación de nuestras opciones. El análisis de las consecuencias identificaría cuál opción permite mayor control de las intervenciones y un adecuado acompañamiento a la gestante en sus elecciones y cuál evita su manipulación y brinda mejores posibilidades a quien está valorando esa decisión.
A nivel subjetivo, es condición de la discusión y de la posterior aplicación de la norma, el respeto por los involucrados. Recurrir a una norma trascendente o “natural” es de tan difícil admisión como basarse en una supuesta autonomía absoluta del yo fuente de toda norma y escindido de todo contexto y manipulación. Y, sin embargo, no hay otro mejor lugar en la toma de decisiones que la conciencia de los sujetos. En el caso de una persona que considerara la posibilidad de terminar un embarazo, es imprescindible regular el acompañamiento por profesionales formados, en el marco de contextos superables (como la falta de recursos). La regulación de este acompañamiento debería permitir que la decisión sea lo más madura posible y habilitar otras vías de resolución del conflicto si la responsable última lo desea.
Otra forma de complicidad con la inadmisible situación actual sería olvidar que el tema central es el marco del inicio de la gestación, el conocimiento y, sobre todo, el deseo que allí deberían estar en juego.
Para leer la nota entera ingresá a nuestra revista Noticias UCC Nº 290