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14/12/2016 - Columna de opinión
La Voz del Interior | Opinión

La “barbarie” de los extremos


La tan promocionada grieta, presentada como un fenómeno nuevo, es una realidad que nació con nuestra independencia y aún hoy persiste.


La muerte de Fidel Castro mostró con claridad palmaria la “barbarie” propia de las posiciones extremas, las que se esmeraron por mostrarse ante los medios de comunicación del mundo entero como irreconciliables y dueñas de la verdad absoluta.

Según la Real Academia Española, “barbarie” es falta de cultura o civilidad, fiereza, crueldad. La palabra tiene un uso estrictamente peyorativo, pues se vincula con la falta de compasión hacia la vida o hacia la dignidad de los demás; por ende, sería un estadio en el camino del ser humano hacia la civilización, aunque mucho más cercano al salvajismo.

Para dar un ejemplo, “barbarie” es un término que se adapta perfectamente a la tragedia que vive la legendaria e histórica Siria; sirve para ejemplificar no sólo la conducta y los modos de las facciones internas en conflicto, sino también la del propio gobierno y la de las potencias intervinientes en nombre de la paz y la libertad.

Las pasiones encontradas que despierta desde hace 58 años el régimen cubano, y en particular la figura de Fidel, son dignas de estudio por parte de sociólogos y psicólogos.

En una contribución a agitar los espíritus, sus detractores festejaron a rabiar la muerte de un personaje al cual nunca pudieron torcer el brazo, haciéndolo responsable tanto de la violencia post revolucionaria como de la violación de elementales derechos humanos, los presos políticos, la arbitrariedad y el exilio de gran cantidad de compatriotas.

La mayoría de esas acusaciones son bastante cercanas a la realidad; la Revolución dejó al bello país caribeño sumido en el aislamiento, la pobreza, la división y el atraso, pese a gozar de una importante geografía de recursos y un paisaje casi único en el mundo.

Al margen de los fuertes resentimientos, ¿es de seres humanos civilizados gozar la muerte de otro ser humano?

Por su parte, los defensores del proceso lloran a quien consideran el principal abanderado de la lucha contra el imperialismo y la opresión capitalista en el siglo 20, y muestran con orgullo datos estadísticos positivos de Cuba sobre la educación, la salud y el consumo de drogas.

También esto es cierto, aunque esos avances queden desdibujados por las injusticias, las penurias y las carencias. ¿Es civilizado defender ciegamente un modelo autoritario y autista que fracasó en el mundo?

Más allá de las posiciones que se puedan tomar en el conflicto y de la forma en que se respondan estas preguntas, negar liderazgo y carisma al líder revolucionario aparece como una necedad.

Pero lo de Cuba es un ejemplo más de lo que sucede en buena parte del mundo. La visión maniquea, es decir, las posiciones extremas, sin puntos medios, donde sólo existen el bien y el mal, se extienden peligrosamente en todo el orbe.

El gran problema es saber quiénes garantizan dónde está el bien y dónde el mal. Incluso en los Estados Unidos, país caracterizado por su historia de respeto a la libertad, luego del fenómeno Trump la sociedad quedó partida en dos y con fuertes signos de intolerancia mutua. Y eso preocupa.

Argentina no es la excepción. Es un país enfermo de fanatismo, de un lado y del otro, los cuales se unen en un solo punto: la exaltación casi divina de un determinado modelo político, económico y social, y la descalificación hacia quienes piensan diferente.

El caso de Fernando Esteche, conductor de la organización Quebracho, es una muestra de ello. No le gusta la realidad; entonces, se cree con derecho a cambiarla de cualquier manera. Lo que incluye la violencia; como en la época de las cavernas, el fin justifica cualquier medio.

El comportamiento de la expresidenta frente a los requerimientos judiciales tampoco ayuda, y erosiona aún más a un Poder seriamente cuestionado y que debería ser el pilar de la república.

La tan promocionada grieta, presentada como un fenómeno nuevo, es una realidad que nació con nuestra Independencia y aún hoy persiste. Desde morenistas y saavedristas hasta macristas y antimacristas, pasando por unitarios y federales, sarmientistas y rosistas, personalistas y antipersonalistas, peronistas y antiperonistas, militaristas y antimilitaristas, kirchneristas y antikirchneristas. Así nos fue; así nos va; así nos irá si no cambiamos.

¿Es posible crecer y torcer el destino de un país con tantos extremismos autoritarios? ¿Es factible el progreso en una Nación sin identidad y sin respeto por el pensamiento diverso? ¿Es viable imaginar un futuro venturoso con una sociedad enferma de anomia e intolerancia?

En un escenario de esas características, es muy difícil alcanzar el bien común, más allá de los esfuerzos individuales y de la buena voluntad de algunos actores. No se trata de sacrificar convicciones o ideas, sino de respetar el pensamiento del otro, que también tiene derecho a miradas y a estrategias distintas.

Para lograrlo, es indispensable combatir la omnipotencia y la soberbia de quienes creen tener la certeza absoluta.

* Docente de UNC y de UCC


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Fernando Esteche. El líder de la agrupación Quebracho

Tipo de nota: Columna de opinión
Medio:
La Voz del Interior
Sección/Suplemento: Opinión | Página: 12
Autor / Redactor: Daniel Gattás
Fecha de publicación: 14/12/2016
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