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28/12/2016 - Columna de opinión
La Voz del Interior | Opinión

Los que no nos representan


Por Jorge Horacio Gentile*


En nuestro país y en el mundo, es notable la distancia que separa a los ciudadanos de sus gobernantes. Las últimas elecciones en Estados Unidos y en las consultas populares: del Reino Unido –por el Brexit–, de Colombia –por el acuerdo de paz con las Farc– y de Italia, son ejemplos elocuentes de ello.

Las grandes y vertiginosas transformaciones sociales y tecnológicas que nos depara el siglo 21 hacen que muchos políticos no alcancen a percibir, interpretar, diagnosticar, asumir ni proyectar su regulación con la claridad y la premura que los electores –en su mayoría también desorientados– reclaman.

Estos cambios radicales se muestran en:

1) La globalización, que internacionalizó el mundo de la economía y las finanzas: el sistema financiero, el mercado, el comercio y la actividad de grandes corporaciones.

2) El cambio climático, la contaminación del ambiente y la acidificación y el aumento del nivel de los océanos, que afectan a la “casa común”, como dice el papa Francisco en “Laudato Si”, y que el Acuerdo de París intenta paliar.

3) La existencia de organizaciones internacionales violentas como Isis y las dedicadas al narcotráfico, la trata de personas, el comercio de armas o el que esconde el dinero de la corrupción;

4) La homogeneización de las manifestaciones musicales, en el cine, la televisión, las redes sociales, las artes en general y en los usos y costumbres, como la vestimenta, la gastronomía, etcétera.

5) El papel relevante que cobraron la ciencia, la investigación, la educación y la acumulación de conocimientos e innovaciones.

6) La aparición y el fortalecimiento de instituciones políticas y económicas supranacionales, y de normas y sistemas jurídicos para reglar el mundo globalizado.

La tendencia a la reducción del empleo tanto en los sectores agrícola y extractivo como en el industrial, que se encaminan al “empleo cero” por la automatización y la robotización, y por la necesidad de suprimir las formas de producción que contaminan, o que están siendo reemplazadas por otras mejores (los automóviles que consumen nafta, por otros eléctricos). Esto se completa en el sector terciario con la digitalización del gobierno y de la administración, y la multiplicación de organizaciones sociales que reclaman, protestan y exigen soluciones a los problemas de alimentación, vivienda, salud, educación, etcétera, lo que no alcanzan a satisfacer el Estado ni las organizaciones que lo complementan o suplen.

Los planes sociales argentinos y de otros países tratan de que los ingresos de ciudadanos sean más equitativos, como son: la bolsa-familia en Brasil, la renta mínima de inserción (RMI) en Francia o el dividendo social que reciben cada año los que viven en Alaska, Estados Unidos, cuyo monto varía según el rendimiento del organismo gestor.

Los suizos acaban de rechazar en un referéndum, con el 78 por ciento de los votos, la implantación de una renta básica de inserción (RBI) de 2.500 francos mensuales que cobrarían todos sus habitantes, tuvieran o no ingresos. Iniciativas similares se propusieron ante la Comisión Europea, en 2013, en Finlandia y en Utrecht, Holanda.

La revolución en las comunicaciones hizo cambiar en política el diálogo, el discurso, el debate y las formas de relacionarse y consensuar. Tampoco es igual, en este siglo, la relación entre representantes y representados, ni el funcionamiento de los poderes dentro del Estado, ni el de los órganos legislativos, ejecutivos y judiciales y las amplias administraciones que los acompañan.

Los discursos, ilustrados con gestos e imágenes, son más breves. Contienen títulos y subtítulos contundentes, que acentúan las diferencias entre lo que se propone y lo que se quiere sustituir. Muchas veces se descalifica al que piensa o sostiene lo contrario. Las redes sociales son el vehículo más eficaz de comunicación, las encuestas y los medios gráficos están en crisis y a los expertos no siempre se los escucha.

Los sistemas electorales y las prácticas representativas fueron creadas para una sociedad diferente de la actual. Por eso ya no sorprende la aparición de outsiders que denuncian el orden establecido, ni los efectos negativos de estas mutaciones, como Donald Trump en Estados Unidos, Nigel Farage en el Reino Unido, Alexis Tsipras en Grecia, Beppe Grillo en Italia, Marine Le Pen en Francia, Pablo Iglesias en España, etcétera, con propuestas, populistas o nacionalistas, poco claras de cómo remediar los males que denuncian.

Conclusión: los ciudadanos y los políticos debemos acercarnos y compartir más y mejor los nuevos problemas.

* Profesor emérito de la UNC y de la UCC


Tipo de nota: Columna de opinión
Medio:
La Voz del Interior
Sección/Suplemento: Opinión | Página: 10
Autor / Redactor: Jorge Horacio Gentile
Fecha de publicación: 28/12/2016
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