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08/02/2017 - Columna de opinión
La Voz del Interior | Opinión

¿Y dónde está el piloto (de la Secretaría de Comercio)?


Mucha gente viajó al exterior, porque en países vecinos como Brasil y Chile el costo de vida es inferior al nuestro. Por Daniel Gattás*


La humorada del título de esta nota tiene que ver con una parodia del cine catástrofe, la simpática comedia titulada ¿Y dónde está el piloto? , protagonizada magistralmente por Leslie Nielsen y Rober Hays allá por los albores de 1980. Pero en este caso, lamentablemente para los flacos bolsillos argentinos, el que está desaparecido es quien pilotea la Secretaría de Comercio de la Nación; creo que su nombre es Miguel Braun, quien según la página web del organismo debería encargarse “de velar por relaciones comerciales equitativas, proteger los derechos del consumidor, transparentar el comercio, mejorar el acceso a bienes y servicios, y garantizar mercados internos competitivos”.

Como si eso fuera poco, la Secretaría de Comercio cuenta, o debería contar, con el apoyo de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), un organismo desconcentrado y “especializado” para proveer la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los mercados.

La Secretaría de Comercio pasó de la mano del omnipresente Guillermo Moreno, una especie de barrabrava con criterios fascistas, a un equipo de hombres casi invisibles, permisivos al extremo, cuya tarea es imperceptible y digna de la palabra fracaso. Otra vez, el famoso péndulo argentino, que va de un extremo a otro, sin puntos medios.

Basta ver el abuso de los formadores de precios, industriales y comerciantes, cuya voracidad ha quedado expuesta brutalmente y de una manera palmaria. La sociedad, por su parte, utiliza los anticuerpos de que dispone y se defiende como puede; así, durante la temporada veraniega, un infinito número de conciudadanos se agolpó en shoppings y comercios de Chile, Estados Unidos (Miami), Paraguay, Uruguay y Brasil, donde los precios de los bienes en dólares son significativamente menores. ¿Cuál es el impacto para nuestra alicaída economía?

Si bien la presión fiscal argentina es una de las más altas del mundo y los niveles de emisión no decaen, se hace difícil encontrar razones más sustanciosas para explicar semejante evolución de los precios internos, que, más allá de la política monetaria restrictiva y recesiva del Banco Central absorbiendo circulante excedente a cambio de deuda pública, y del optimismo del Gobierno nacional, siguen creciendo día a día; en particular, se nota aún más en aquellos productos elaborados por empresas que tienen control sobre el mercado, ya que venden productos indispensables y con demanda inelástica, como por ejemplo los alimentos y la industria farmacéutica.

Demoledor

El impacto de estos incrementos tiene un efecto demoledor en los sectores de menores ingresos.

La desorientación que tiene el Gobierno nacional sobre la conducta de los precios lo llevó a exigir, creo yo con buenas intenciones, que se clarificaran cuáles eran los precios de contado efectivo, cuáles eran los vigentes con tarjetas de débito y crédito, y cuáles los financiados.

En este último caso, pidió también que se transparentara el costo financiero, aunque muchas empresas son renuentes a exponer los “costos ocultos” (administrativos, seguros, etcétera).

Ni hablar de las tarjetas de crédito, que con total desparpajo tienen un costo financiero cuasi usurario cuando los resúmenes mensuales no son pagados en su totalidad.

Obviamente, los más perjudicados son los sectores de menores ingresos, lo que provoca una redistribución de ingresos regresiva, cada vez más irritante.

En realidad, el gran negocio para las tarjetas de crédito es que los usuarios paguen sólo el mínimo, lo que genera una ganancia multimillonaria.

La problemática de las tarjetas de crédito, en particular las locales, es recurrente y lleva muchos años; nadie hace nada. ¿Por qué será?

El momento actual es muy complejo. Basta recorrer comercios de distintos rubros para darse cuenta del impacto de las últimas medidas del Gobierno; precios de contado efectivo que no se redujeron, precios diferenciados cuando se paga con tarjetas de crédito, precios financiados con un incremento sustancial. Todo ello con locales sin clientes, y muchos de ellos desocupados. ¿Cuál es el límite a esta irracionalidad de precios? ¿Una recesión más profunda?

Más allá de las buenas intenciones, nuevamente el Gobierno se dio de bruces con la realidad; Argentina aparece como un país ingobernable, con una impiadosa puja distributiva y lleno de contradicciones; con el ingreso per capita más alto de la región, pero que curiosamente no alcanza para llegar a fin de mes, y con una gigantesca brecha entre los más ricos y los más pobres.

Para completar el menú, faltan aún los conflictos propios de las paritarias, que recién están calentando motores y que sólo Dios sabe cómo se terminarán cerrando.

Ojalá que la Secretaría de Comercio de la Nación entienda su rol, se ponga los pantalones largos y el Gobierno la deje actuar frente a los abusos. De lo contrario, vienen momentos muy difíciles en Argentina.

* Doctor en Ciencia Política, docente de UNC y de UCC


Tipo de nota: Columna de opinión
Medio:
La Voz del Interior
Sección/Suplemento: Opinión | Página: 13
Autor / Redactor: Daniel Gattás
Fecha de publicación: 08/02/2017
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