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19/11/2018 - Columna de opinión
La Voz del Interior | Opinión

Sobre diálogos y violencias


Por Alfonso José Gómez s.j.*


A fines de octubre, la Universidad Católica de Córdoba (UCC) fue reconocida internacionalmente por su trabajo en materia de responsabilidad social universitaria. Después de un seguimiento, distintos estudios y visitas técnicas realizados por expertos y consultores internacionales, la UCC fue elegida para recibir el premio Ojo de Plata 2018, otorgado por el Observatorio Regional de Responsabilidad Social de América Latina y el Caribe (Orsalc) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con el aval del Instituto Internacional de la misma organización para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Iesalc).

Como rector, dediqué el reconocimiento a aquellas personas que, como estudiantes y docentes, se dejaron impactar mejor por los desafíos ligados a las faltas de medios y mostraron un mayor compromiso.

Esta distinción remarca el buen diálogo que tiene nuestro modo de educar con la realidad de las personas menos favorecidas de la sociedad, y confirma nuestro esfuerzo por transmitir valores positivos desde la solución de problemas concretos en territorios con personas en situación de vulnerabilidad. Espacios que lamentablemente, con frecuencia, también incluyen a muchas víctimas de violencias.

Necesidades del estudiante

Siempre destacamos que la coherencia institucional es algo previo a los servicios que brindamos afuera. De ahí que es necesario el buen ambiente de aprendizaje para poder irradiar luego el buen servicio de los estudiantes y profesores en las experiencias de responsabilidad social con vinculación curricular.

Algunos datos de una encuesta reciente sobre culturas juveniles, organizada por la Federación Internacional de Universidades Católicas (Fiuc) señalan algo de lo logrado en nuestro esfuerzo en Córdoba. El 28,53 por ciento de los alumnos se muestra “totalmente de acuerdo” y el 50,83 por ciento “bastante de acuerdo” con una afirmación que destaca que la Universidad está atenta a las necesidades individuales de cada estudiante.

El 61,63 por ciento se expresa “totalmente satisfecho” o “muy satisfecho” con la atención personal y con la ayuda que recibe por parte de profesores u otro personal de la institución. El 61,22 por ciento de nuestros alumnos está “totalmente satisfecho” o “muy satisfecho” con el clima estudiantil en la UCC. Si bien estamos arriba de la media mundial en satisfacción, tenemos muchas acciones en marcha para mejorar nuestra evaluación y atención personalizada.

Sistemas de contención

Los niveles altos de satisfacción no impiden que flagelos y malestares sociales se hagan presentes en la Universidad, como cuando una sociedad está llamada a reconocer costumbres inapropiadas e injustas; por ejemplo, ciertas fobias, desprecios y violencias. O, de un modo especial, como suele ocurrir en los complejos casos de violencia de género.

Perfeccionar sistemas de contención no significa anular un modo personalizado de enseñanza distinguido y hasta premiado. Perfeccionar es parte de la mejora continua de las instituciones. Corregir o mejorar procedimientos no justifica ninguna campaña de denuncias anónimas en ninguna institución.

Además, hablar de frente, dar el rostro, hacerse protagonista y responsable de procesos es parte de nuestro modo de proceder institucional, y del modo en que deseamos enseñar a crecer a cada estudiante, a cada miembro de nuestra comunidad educativa universitaria.

Las oportunidades de diálogo entre estudiantes, profesores y autoridades son enormes en la UCC. Principalmente por la cercanía que existe entre ellos, en cada facultad, pero además por la presencia de materias humanistas en todas las carreras y la posibilidad de actividades voluntarias que van desde deporte y arte hasta un programa de liderazgo o experiencias de profundización en la fe.

Personalmente, aliento espacios de diálogo en el marco de nuestro Proyecto de Desarrollo Institucional, tanto con profesores como con estudiantes de cada facultad, al menos una vez al año. Contamos con un método de búsqueda de soluciones a partir de esos diálogos y hay muchas mejoras como resultado de estos espacios de escucha con el equipo del Rectorado.

De ahí que los desafíos de atender a toda forma de violencia aconsejen que cada institución universitaria explicite sus códigos de convivencia según el ideario; en nuestro caso, desde la cosmovisión cristiana, para fortalecer la reflexión y la capacitación interna. Y que, a la vez, también genere mejoras en sus procedimientos, con protocolos que agilicen acompañamientos y búsquedas de solución.

Pero seamos conscientes; con frecuencia, la costumbre es más fuerte que la ley. El mejor aliento para el diálogo, que ayuda a rechazar toda violencia, es una cultura de la paz. Una cultura que tenga al derecho de los demás como algo tan grande como el propio. Una cultura que respete a la diversidad de toda índole: género; generación; nivel de ingresos económicos; nivel educativo; raza; religión y tantas otras diferencias que, por desgracia, aún llevan a levantar muros de duros materiales o de duras fobias.

Rector de la Universidad Católica de Córdoba.


Tipo de nota: Columna de opinión
Medio:
La Voz del Interior
Sección/Suplemento: Opinión | Página: 12
Autor / Redactor: Alfonso Gómez, sj.
Fecha de publicación: 19/11/2018
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