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06/01/2020 - Columna de opinión
La Voz del Interior | Opinión

India, la democracia más grande del mundo


El presidente indio es el Jefe de Estado y es elegido indirectamente cada cinco años por un colegio electoral. Por Jorge Horacio Gentile*


Pude, por fin, visitar durante 20 días la India, con más suerte que Cristóbal Colón –quien también se lo propuso, pero sólo llegó a América–. En ese país, viven más de 1.339 millones de habitantes –48 millones de varones más que mujeres, por el aborto selectivo–, los cuales hablan 22 idiomas oficiales y dos mil dialectos. Posee una superficie de 3.287.263 kilómetros cuadrados y es el séptimo país más extenso del planeta –Argentina es el octavo–. Es, también, el cuarto país en llegar a la Luna (2019).

India o Bharat (su nombre oficial) es una república federal, con 29 estados y seis territorios, que fue colonia del Reino Unido desde el siglo XIX y que se independizó en 1947, tras una lucha no violenta liderada por Mahatma Gandhi. Su Constitución de 1950 es la más extensa del mundo (448 artículos).

El presidente indio es el jefe de Estado y es elegido indirectamente cada cinco años por un colegio electoral, integrado por miembros del Parlamento y de las asambleas legislativas de los estados. Al vicepresidente lo eligen ambas cámaras, y preside la Cámara Alta. El primer ministro, nombrado por el presidente, es el jefe de Gabinete.

Cuenta con un parlamento bicameral, con una Cámara Alta (Rajya Sabha) de 245 miembros con mandato por seis años y elegidos por las legislaturas de los estados, más 12 designados por el presidente; y una Cámara Baja (Lok Sabha) en la que 543 de sus 545 miembros son elegidos por voto popular cada cinco años, y dos son nombrados por el presidente y representan a la comunidad angloindia.

En los comicios, se usa el voto electrónico y están habilitados para votar 900 millones de personas. Los dos principales partidos son el Partido Popular Indio, del primer ministro Narendra Modi –que gobierna desde 2014–, y el antiguo Partido del Congreso.

El Poder Judicial tiene una Corte Suprema con 25 miembros, 21 tribunales superiores y muchos tribunales de primera instancia. Los abogados visten toga, y en Bombay visitamos los tribunales un día sábado, ya que ese día se trabaja dos veces al mes.

Las religiones de sus habitantes son el hinduismo, 79,8%; el islam, 14,2%; el cristianismo, 2,3% (los católicos son el 1,8 %); el sijismo, 1,7%; el budismo, 0,7%, y el jainismo, 0,4%.

Socialmente, hay cuatro castas: religiosos o profesores (Brahmins), los guerreros o militares (Kshatriyas), los artesanos o mercaderes (Vaishyas) y los trabajadores o sirvientes (Shudras). Los demás son los “intocables” (Dalit).

Los hindúes tienen cuatro madres sagradas: la propia; las vacas (que circulan por calles y por rutas, y cuya carne no se come), el río Ganges y la Tierra. Ahora se podría agregar a la madre Teresa de Calcuta.

Es por demás desordenada la circulación en calles, en caminos y en autopistas, debido a la gran cantidad de personas, vacas, motos, bicicletas (con conductores casi siempre sin cascos), autos, ómnibus, tuk tuk (moto de alquiler con tres ruedas y tres asientos), triciclos-bicicletas (de alquiler) y carros tirados por caballos o camellos. Las bocinas suenan de modo constante, y los semáforos e inspectores de tránsito brillan por su ausencia.

Visitamos en Bombay al jesuita John Rose, director del Instituto Xaveriano de Ingeniería; dos sinagogas, una que sufrió un atentado en 2008, perpetrado por 10 terroristas paquistaníes que produjeron 270 muertes, y la Torre del Silencio, que es un cementerio donde los difuntos no son enterrados ni cremados, sino que son devorados por buitres.

Estuvimos en las ciudades de Jodhpur; de Jaisalmer; en Udaipur, en su Palacio Real y navegando en el lago Pichola; en Jaipur, visitamos con budistas de Bhutan el templo de Birla Mandir y la Fortaleza; en Agra, admiramos el Taj Mahal, una de las siete Maravillas del mundo, y al Fuerte Rojo; en Khajuraho, vimos 22 templos construidos hace mil años; y pasamos por Varanasi, a la orilla del río Ganges, donde se bañan los fieles y se creman los cadáveres.

En la capital, Nueva Delhi, vimos un minarete de 72 metros y medio de altura, construido en 1192; el templo de los sikhs, y conversamos con un miembro de la Cámara Alta del Parlamento.

Un viaje por demás agradable, que nos mostró que la democracia no es imposible.

*Es profesor emérito de la UNC y de la UCC, y fue diputado de la Nación


Tipo de nota: Columna de opinión
Medio:
La Voz del Interior
Sección/Suplemento: Opinión |
Extraida de:: Ver web

Autor / Redactor: Jorge Horacio Gentile
Fecha de publicación: 06/01/2020
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