Ni una muerte más. Ni una mujer menos


Publicado el 02/06/2015 en Actualidad

Ilustración de Jessica Sangoy

Un informe del Observatorio de Femicidios difundido por la Asociación Civil La casa del encuentro y dado a conocer en marzo de 2015 concluyó que, durante el año 2014, 277 mujeres y niñas/os murieron en Argentina víctimas de la violencia de género. Buenos Aires encabeza el listado con 36 muertes, seguida por Córdoba y Salta con 21, sin que ninguna provincia argentina haya quedado libre de este flagelo. En el 80 por ciento de los casos, las víctimas tenían vínculo con el femicida, siendo el 56 por ciento (ex) esposos, (ex) parejas o (ex) novios. La mayoría de los femicidios fueron perpetrados con armas de fuego y los más frecuentes fueron la vivienda de la víctima y o en la casa compartida con el femicida. El informe también incluye 29 femicidios vinculados (personas a las que mataron para hacer daño a la víctima) y 330 hijos de mujeres asesinadas por violencia de género que se convierten en víctimas colaterales del femicidio. En 39 casos ya había habido denuncias de maltrato. Los datos fueron aportados a esta redacción por Lucía Riba, docente e investigadora de la UCC y coeditora del libro que pertenece a la colección Géneros de EDUCC y que se titula Cuerpos, historicidad y religión.

Hasta aquí pareciera que son sólo números para engrosar estadísticas macabras, pero se trata de personas con rostros, historias, proyectos, sueños, penas, alegrías, familias, amigas/os… como cualquiera de nosotras/os. La investigadora, quien además es titular de un seminario sobre estudios de género que se dicta en la Facultad de Filosofía y Humanidades, ratifica lo que vienen afirmando los especialistas en el tema: “que el femicidio no es un crimen pasional o consecuencia de un momento de locura de una persona desequilibrada, sino que tiene una matriz cultural: se trata de la manifestación más extrema de una cultura patriarcal androcéntrica”. 

En este sentido Javier López, docente e investigador en la UNC aporta que “en general se psicopatologiza la problemática, como si hubiera un tipo particular de mujeres que pueden llegar a ser víctimas de violencia y de esa manera se despolitiza la cuestión y no se ve la estructura social que la sostiene. Y aclara que – Muchas veces se justifican esas acciones en términos de locura transitoria o se adjudica al alcoholismo o a la drogadicción o al crimen pasional cuando la realidad nos dice que en términos generales la intencionalidad de matar es clara: hay amenazas, denuncias reiteradas, y en muchos casos es solo un cuestión de tiempo”.

La violencia hacia la mujer no es un fenómeno exclusivo de los países pobres y son pocos los estados que disponen de cifras oficiales de lo que ocurre al respecto. Tampoco es un fenómeno que se puede atribuir solo a una clase social sino que atraviesa al conjunto de las mujeres en la sociedad, aunque se dan ciertas especificidades de acuerdo a los contextos.

Se trata de “una problemática estructural, social, política y que está siendo cada vez más visibilizada pero al mismo tiempo cada vez hay más inconvenientes para afrontarla” –aclara López.

Un fenómeno histórico y estructural

A partir de los años setenta, gracias a la teoría crítica feminista, el concepto de patriarcado cambió semánticamente de su primera significación de autoridad de un patriarca o varón jefe de familia, para pasar a expresar la situación de dominación e incluso de explotación de las mujeres, poniendo de manifiesto la universal hegemonía masculina en los pueblos y las culturas. Para Lucía Riba “El patriarcado es concebido, entonces, como una política de dominación presente aún en los actos aparentemente más privados y personales, reproduciéndose como práctica social a modo de habitus, tanto en la socialización de las mujeres como de los varones, quienes han internalizado sus identidades según el binarismo socio-cultural identitario de género. Éste supone pensar de manera disyuntiva y jerárquica, dividiendo los conceptos en dos categorías que se excluyen –varón↔mujer, razón↔emoción, público↔privado–, y en las cuales el primer elemento de la dupla es considerado superior y el segundo inferior. Asimismo, agrega que – El patriarcado es, una organización jerárquica donde un grupo de varones, ejerciendo poder, dominan sobre otros y sobre el conjunto de mujeres, niños y niñas. En nuestra sociedad occidental, el arquetipo del dominio está dado por el hombre blanco cuyas características se universalizan como el modelo normativo de la humanidad.” Para la investigadora, es necesario tener claro que la dominación masculina ejercida en el patriarcado obra en niveles difíciles de desarticular porque lo hace en el plano ideológico, esto es, en el sistema de creencias sobre el cual se estructura. Así, el patriarcado subsiste y se reproduce en sus distintas manifestaciones históricas a través de múltiples y variadas instituciones y medios.

Por su parte, Javier López afirma que la mujer es ubicada socialmente en un lugar de subordinación y de opresión. “Esa estructura de poder se reproduce culturalmente en la socialización, en la escuela en todo tipo de prácticas sociales y culturales. Vivimos en una estructura social patriarcal donde claramente al poder lo detentan los varones y donde la mirada hacia la mujer es una mirada hacia un objeto de pertenencia con el que el hombre puede hacer lo que le parezca.”

Para Riba, otra categoría clave es la de “femicidio/feminicidio” y aporta como dato el trabajo de Diana Russell y Jane Caputi quienes hablan de un “continuo de terror antifemenino” y señalan una pluralidad de manifestaciones. El feminicidio es el extremo de ese fenómeno que incluye una gran cantidad de formas de abuso verbal y físico que estas autoras enumeran: “como violación, tortura, esclavitud sexual (particularmente en la  prostitución), abuso sexual infantil incestuoso o extra-familiar, maltrato físico y emocional, hostigamiento sexual (por teléfono, en las calles, en la oficina, y en el salón de clases), mutilación genital (clitoridectomía, escisión, infabulación), operaciones ginecológicas innecesarias (histerectomías gratuitas), heterosexualidad forzada, esterilización forzada, maternidad forzada (mediante la criminalización de los anticonceptivos y el aborto), psicocirugía, negación de alimentos a las mujeres en algunas culturas, cirugía cosmética y otras mutilaciones en nombre del embellecimiento. Siempre que estas formas de terrorismo resultan en la muerte son feminicidios”. El término inglés femicide puede ser traducido indistintamente por femicidio o feminicidio, aclara Riba, aunque hay una diferencia que señala Marcela Lagarde, quien acuñó la última expresión. Su intención fue aclarar, que no se trata sólo de la descripción de crímenes que cometen homicidas contra niñas y mujeres, sino de la construcción social de estos crímenes de odio, culminación de la violencia de género contra las mujeres, así como de la impunidad que los configura. Analizado así, el feminicidio es un crimen de Estado, ya que éste no es capaz de garantizar la vida y la seguridad de las mujeres en general. En definitiva, dice Riba “Lagarde lo traduce de este modo para no confundir femicide con la simple feminización del homicidio, sino para referirse a esa matriz patriarcal androcéntrica y sexista que, como constructo social, provoca, sustenta y justifica estos crímenes misóginos y para recordar las responsabilidades del Estado y denunciar su desidia y complicidad.”

Para López “hay cuestiones de las que el Estado debería hacerse cargo pero evidentemente no es suficiente: los lugares de atención están colmados, no hay capacitación de los agentes que están atendiendo estas situaciones ni en el fuero jurídico ni en lo Psicológico. No hay una formación explícita atravesada por una perspectiva de género y no hay recursos materiales”.

La lucha por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia como un derecho humano se enmarca en Convenciones y Tratados Internacionales. Entre ellos destacamos la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, conocida como Convención de Belém do Pará, adoptada por unanimidad el 9 de junio de 1994 por la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos –OEA–.

Por su parte, el 11 de marzo de 2009 el Congreso Nacional aprobó en Argentina la Ley 26485, Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, en la cual se agrega a la clasificación de Belem do Pará la violencia económica y patrimonial y la simbólica (art. 5) y señala seis modalidades en los que se manifiesta: doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica, y mediática. Por su parte, el 14 de Noviembre de 2012 fue sancionada la Ley 26791 contra el feminicidio. 

Abordar el tema, nos pone en el camino de quien reconoce un grave problema social y cultural que es histórico, y del que tenemos que hacernos cargo como sociedad, cada una/o desde donde le toque. 

Ni Una Menos

Este miércoles 3 de junio bajo el título Ni Una Menos, se realizarán en varios puntos de la república Argentina concentraciones y marchas para denunciar la grave situación que se está viviendo en torno a la violencia de género.

“La marcha es para repudiar los femicidios en un acto público, para denunciar la gravedad y urgencia de la situación que estamos viviendo y también para hacer visibles todas las maneras en las que se ejerce la violencia contra las mujeres amparada en los presupuestos de una sociedad patriarcal”, declaran desde el espacio #NiUnaMenosCórdoba, quien inició la convocatoria en la ciudad y al que luego de sumaron muchas organizaciones y colectivos.

La primera iniciativa surgió en marzo, a raíz de una acción que nació en Buenos Aires y  también tuvo su corolario en Córdoba: una maratón de lecturas contra los femicidios bajo la consigna #NiUnaMenos.

Desde este espacio y de diversas organizaciones partidarias y no, se está  invitando a toda la sociedad a marchar el próximo 3 de junio desde las 17 h. En Córdoba el punto de inicio es Av. Colón y Cañada con destino hacia Patio Olmos. La marcha exige la declaración de Emergencia Nacional contra la violencia de género y la efectiva implementación de la Ley 26.485 de Protección Integral contra la violencia hacia las mujeres que obliga al Estado a llevar adelante un Plan Nacional de Acción para la prevención, la asistencia y la erradicación de la violencia contra las mujeres. 

     

 

A dónde recurrir por asistencia y para denunciar

“En Córdoba, las situaciones de violencia se pueden denunciar al teléfono 0800 888 9898 que atiende las 24 h y que está en la Dirección de Violencia Familiar dependiente del Ministerio de Desarrollo Social”, comenta Mercedes Campana, Jefa del Área de Asistencia de esta institución. “Allí se  brinda asesoramiento, orientación, contención y también toman denuncias que pueden ser anónimas. Lo que es necesario es aportar la mayor cantidad de datos como el domicilio exacto y un breve descripción del hecho”. 

“La denuncia se remite a alguno de los cuatro juzgados de Niñez, Adolescencia y Violencia y se pide una constatación –agrega Campana. De allí se toman las medidas cautelares que pueden ser la exclusión del hogar del agresor, la restricción de contacto, el reintegro de la persona que sufre violencia a su domicilio, o realizar un tratamiento con cada una de las partes. Si la víctima se considera que está en una situación de alto riesgo, también puede solicitar el botón antipánico”.

 “Aquí las mujeres son el 90 por ciento de las personas que consultan y no necesariamente para atenderlos les exigimos que hagan la denuncia –aclara la funcionaria. Ni siquiera cuando es necesario resguardarlas”.

Según manifiesta “siempre se buscan alternativas y se ponen en juego distintas estrategias acorde a la situación de cada mujer. Se brinda una asistencia integral (psicológica, social y legal) y se facilitan recursos como la beca Nueva vida, orientación para el mundo laboral y servicio de salud sexual y reproductiva”.

La Unidad Judicial de Violencia Familiar de la ciudad de Córdoba recepta denuncias en Duarte Quirós 650. Teléfonos: (0351) 448-1016 y 448-1616. Internos: 30641 y 30642. Además, también se puede hacer en las Unidades Judiciales de Violencia Familiar, que están en las comisarías y atienden las 24 horas.

Por otra parte, muchas asociaciones se ocupan de este tema como el espacio Quererte de la Fundación Morra, dedicado a la asistencia y contención de las víctimas por violencia de género. Se trata de un equipo interdisciplinario de abogados, médicos psiquiatras, licenciados en psicología y asistentes sociales, especializados en violencia familiar y de género.

El 26 de junio realizarán una charla gratuita en la  que se expondrán todos los pasos de la denuncia, como hacerla, las cuestiones psicológicas, y como ayudar a las víctimas de violencia de género.

  

 

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