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A cien años de la Reforma Universitaria de 1918

Publicado el 12/06/2018 en Actualidad

Para 1918 la Universidad de Córdoba, establecida hacia casi tres centurias para formar el clero secular, era dependencia nacional y contaba con tres facultades: Derecho, Ciencias Exactas y Medicina, gobernada cada una por un decano y un consejo académico, cuyas acciones ya no respondían prioritariamente a esa calificación. Los consejeros eran vitalicios, sus miembros se elegían internamente, compartían esa función con cargos públicos y paulatinamente fueron posponiendo lo académico en beneficio de cuestiones políticas y personales que se reflejaban en designaciones de allegados antes que idóneos; en programas anacrónicos respecto a la evolución de las ciencias, y una gestión distante de la realidad social.

Córdoba se estaba transformando y su progreso material se advertía en cambios urbanísticos y edilicios que ejecutaban artífices italianos según planos de arquitectos franceses. Pero también había cambiado la sociedad. Tanto por el aporte de italianos, españoles, alemanes, belgas, franceses y sirio libaneses; como también por las diferencias que se manifestaban entre ellos.

A la evolución local se sumaba la del mundo. Las consecuencias de la Gran Guerra (1914-1918) y un nuevo clima de ideas, prendieron rápidamente en un grupo de jóvenes egresados universitarios que conceptualizaron la situación como el fin de la cultura europea-y el surgimiento de una nueva, dirigida por la juventud americana. Sustentados en las conferencias de Ortega y Gasset, el “Ariel” de Rodó, en Ricardo Rojas y otros intelectuales, esos jóvenes -autodenominados “Generación de 1914”- formaron en 1916 la “Asociación Córdoba Libre”[1]. Sus acciones, iniciadas ese año con conferencias en la Biblioteca Córdoba, más la defensa del georgismo, y al año siguiente la apertura de la Universidad Popular, manifestaban un protagonismo encaminado a la reforma social, orientado a la plena vigencia de la democracia en América, que generó el temprano rechazo de los sectores más conservadores apoyados en la jerarquía eclesiástica.

Los estudiantes universitarios, a su vez, mantenían reclamos que las autoridades no atendían, aun cuando algunos eran compartidos por docentes. Así el silencio, falta de diálogo y la permanencia en una actitud inconmovible de las autoridades, fueron alentando el clima de agitación, de protesta y, finalmente, en marzo, la declaración de huelga de los Centros de Estudiantes que, contemporáneamente, solicitaron al gobierno nacional el envío de un comisionado[2].

El primero, José Matienzo, respondió algunos reclamos. Pero sabía que había que profundizarlos, como pareció demostrarlo la elección del rector Antonio Nores el 15 de junio. Ante lo cual los estudiantes, mancomunadamente con los jóvenes de la Generación de 1914, publicaron el Manifiesto Liminar, documento paradigmático de la Reforma.

El Primer Congreso de Estudiantes Universitarios en julio y la toma del rectorado en setiembre[3], movilizaron al PEN a una nueva intervención a cargo del ministro José Salinas, quien hizo cambios en el profesorado, lo abrió a nuevos integrantes, designó autoridades, modificó la composición de los ahora denominados consejos directivos, reinició las actividades y fijó fechas de exámenes.

La Reforma se realizó y por unos años la universidad transitó bajo los objetivos por los que lucharon los estudiantes del 18 y los intelectuales de la nueva generación. Quedaba pendiente la reforma social, sin la cual -dijo Deodoro Roca- no habría total reforma universitaria. Pero la reforma no fue un compartimiento estanco, ni el proceso se agotó. Por el contrario, es un río que fluye y avanza, sustentado en los tres pilares que marcó 1918: Docencia, Investigación y Extensión.


[1] Fundada el 10 de setiembre de 1916, fue presidida por Arturo Orgaz y la integraron, entre otros, Arturo Capdevila, Martín Gil, José y Octavio Pinto, Saúl Taborda y Deodoro Roca.
[2] Los reformistas se agruparon desde el 12 de marzo de 1918 en el Comité Pro Reforma de la Universidad que, el 16 de mayo, fue absorbido por la FUC.
[3] Acciones encaradas por la FUC, a cargo de Enrique Barros por Medicina, Horacio Valdez por Derecho y Enzo Bordabehere por Ingeniería.

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