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Cultura animal

Publicado el 03/05/2016 en Noticias UCC

Foto: cordobaenfotografias.es

“La cultura de un pueblo se mide por el modo de tratar a los animales” (Gandhi)

Si bien a nivel mundial existe una fecha en octubre, en nuestro país se eligió el día de la muerte de Ignacio Albarracín para conmemorar la vida animal. Este abogado argentino, que falleció el 29 de abril de 1926, fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina Protectora de Animales y propulsó la primera ley nacional con el objetivo de proteger sus derechos.

El  propósito de establecer una fecha en particular es recordar la importancia de todas las especies animales con quienes compartimos el planeta. No se limita a las mascotas, incluye a toda la fauna en general, y no solo a aquellas que se encuentran en peligro de extinción sino que alcanza a todos y cada uno de los animales, para evitar ser víctimas de maltratos, torturas y faltas de cuidados. Derechos que no siempre respeta el ser humano.

En sus patas

Ignorancia, crueldad, torpeza son algunas de las causas por las que muchas veces el ser humano no respeta los derechos del animal. Y existen otras que, de alguna forma, se naturalizan por formar parte de la cultura o de ciertos hábitos culturales. Zoológicos, corridas de toros, matanza de delfines, jineteadas, o riñas de perros y gallos son algunos ejemplos.

Existen incluso algunos rituales entre animales y humanos que estos últimos quizá ni son conscientes del daño que causan. Hace algunos meses circulaba por distintos medios del mundo la noticia de que turistas argentinos sacaron a un delfín bebé del mar para sacarse fotos y murió. A los pocos días se conoció que en Costa Rica centenares de tortugas no pudieron desovar en la costa, como lo hacen desde hace tiempo, por la cantidad de curiosos que invadió el lugar para fotografiarlas. En menos de pocas semanas volvió el foco a nuestro país por la muerte de dos pavos reales en un zoológico, luego de haber sido tocados y alzados por personas.

Lamentablemente la vanidad y la omnipotencia humana, lo hace aprovecharse de los animales para su propia diversión y también para su beneficio económico, como apuestas, espectáculos públicos, venta de animales o tráfico ilegal. Así lo entiende Omar Robotti, médico veterinario y docente de nuestra Facultad de Ciencias Agropecuarias, y afirma que esto afecta negativamente en la salud de los animales, provocándole daños como mutilaciones, heridas, fracturas; y también daño comportamental.

El especialista en etología explica que todas estas “costumbres” afectan al animal en lo físico y en lo emocional. Con respecto al encierro o aislamiento prolongado, explica que “sumado a la falta de estímulos como juegos  o relación positiva con otros seres vivos de la misma o distinta especie, son mezclas explosivas para detonar comportamientos anormales, ansiosos,  agresivos, auto lesivos, estereotipados o compulsivos que pueden derivar en conductas patológicas. El encierro genera estrés y éste, desestabiliza su sistema nervioso central”.

Amparo legal

La Ley Sarmiento (ley 2786) es la base de la protección jurídica animal en nuestro país. La misma, sancionada en 1891, fue complementada en el año 1954 con el dictado de la Ley 14.346, que es la que actualmente se encuentra en vigencia.

Según María Belén Caretó y Gustavo Ispani, docentes de la cátedra Derecho Penal II de nuestra Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, no es pacifica la doctrina en relación al bien jurídicamente tutelado por la ley en este caso.  Los docentes afirman que pueden resumirse las posturas en dos grandes grupos: por un lado quienes entienden el maltrato de animales como ilícitos contra los humanos (ya sea por considerar a la crueldad a los animales como indicio de tendencia de crueldad contra otros humanos, o por entender que con ello se lesiona al medio ambiente, o bien porque va en contra de la moral y las buenas costumbres lesionando el sentimiento de propiedad ajeno); y por otro, una tesis minoritaria que estima que el bien jurídicamente protegido es el derecho propio del animal a no ser objeto de la maldad humana, lo que implica la necesidad de reconocerlos como sujetos de derechos.

“Según la concepción del bien jurídico que se tenga, dependerá a quién se tiene como sujeto pasivo de los delitos contenidos en la ley mencionada. Si se entiende que aquel está conformado por los sentimientos humanitarios,  el sujeto pasivo será la sociedad. Ahora bien, si se considera que el bien jurídico tutelado está compuesto por el derecho del propio animal a la conservación de su integridad física y psíquica, los sujetos pasivos serían los animales sobre los cuales recae la acción”, aclaran. 

Los docentes afirman, ante la pregunta de si realmente se aplica la ley, que los delitos en ella reconocidos son de acción pública y, como tales, promovibles de oficio. También recalcan que incluso existen casos de penalización por el maltrato hacia animales en el país; de hecho, “a fines del año pasado, tuvimos en Córdoba el primer precedente de nuestro Máximo Tribunal Provincial en el caso de una persona a la que se condenó a veinte días de prisión en suspenso por maltrato hacia una yegua”.

 

Es cierto que cada vez existe mayor sensibilidad a la hora de proteger a los animales, pero falta mucho por hacer todavía. Es necesario avanzar en la legislación pero sobre todo en la concientización. Porque al encerrarlos, sacarlos de su hábitat, estresarlos no se están respetando  sus derechos. Y legitimarlo bajo el amparo de la cultura es también una forma de maltratarlos.

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