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Docentes que dejan huella

Publicado el 23/11/2018 en Educación

“Los profesores memorables rompen las estructuras lineales y apuestan por las emociones”.

Es lo que afirma Luis Porta, docente de nuestro Doctorado en Educación y de nuestra Maestría en Investigación Educativa; investigador del Conicet, y profesor de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMPD).

Los docentes universitarios, escogidos por sus alumnos como los que han dejado huella en su vida, no sólo conocen el contenido de su disciplina, sino que generan una “acción de principios” en los estudiantes. En sus clases logran un continuo habitar otros mundos, lo que permite al alumnado ubicarse en nuevos contextos y encontrar sentido a lo que aprenden.

En su visita a Córdoba, la periodista Mariana Otero conversó con el investigador:

¿Cuáles son los principales hallazgos de la investigación que realizan sobre las prácticas de quienes ustedes llaman “docentes memorables”?

Esta es una investigación de largo alcance que comienza en el año 2003, todavía tiene continuidad en la UNMDP y no tiene hallazgos cerrados sino que son abiertos y emergen a medida que seguimos trabajando aún hoy. Una característica de nuestra investigación, y una decisión política, es que estamos trabajando con docentes que fueron elegidos por sus  los estudiantes como sus profesores memorables. El carácter de “memorabilidad” es una definición conceptual nuestra que los define como aquellos profesores que han dejado una huella, que han dejado una marca. El carácter de memorabilidad tiene que ver con cómo se construye y cómo se va reconstruyendo a lo largo del tiempo en la memoria de estos estudiantes ese carácter de memorabilidad, entendiendo que la memoria no es lineal, que se va construyendo compartimentadamente. Ese carácter de memorabilidad habla de la vida de los sujetos, de los participantes de la investigación. Partimos de la práctica docente de estos profesores y por eso nuestra investigación se define como autobiográfica-narrativa. Está asociada no solo a la investigación sobre el conocimiento o el desarrollo profesional de los docentes, sino que se centra fundamentalmente en cuatro dimensiones. Las primeras son la emocional y afectiva, el eje puesto en los afectos y las emociones en la enseñanza.

¿Cuáles son las otras dimensiones?

La dimensión institucional y la dimensión de los acontecimientos macrosociales, entendiendo a este docente en su carácter biográfico, con una vida y en término de ese bios que implica el carácter  de recuperación de una memoria que es una memoria que se construye ficcionalmente para nosotros, como objeto de investigación, pero que en realidad está dando cuenta de cómo transita la vida y cómo habita el mundo este sujeto, por lo tanto como habita las aulas, es una parte más de este contexto.

Estas dimensiones son importantes para entender el lugar desde donde trabajamos, desde una perspectiva biográfica y con una perspectiva de memorabilidad. Las categorías desde las cuales partimos, tienen que ver con categorías nativas de nuestras investigaciones. Hay algunas que tienen que ver con la urdimbre ética que combina intelecto y afectos, la resonancia emocional, la clase como acontecimiento, la hospitalidad. Son categorías propias de nuestros profesores memorables. Una dimensión central es la pasión como eje de articulación de ese bio, de esa vida de nuestros profesores. Hay una triple dimensión de la pasión que hemos puesto al final, la pasión por la disciplina que enseña, la pasión por los estudiantes y la pasión por la enseñanza. Una de nuestras profesoras memorables nos dice que no puede pasar el verano sin pensar que necesita volver a dar clases porque son los estudiantes los que le dan vida y alimentan su sentido de la vida.

Entonces, ¿se podría decir que un buen profesor es aquel que es apasionado?

Nosotros estamos apostando por el desarrollo de las buenas pasiones porque estamos partiendo de una definición política en torno a la investigación educativa que está asociada a que nosotros indagamos en las buenas prácticas de enseñanza y en los buenos profesores. Jugamos y apostamos por las buenas pasiones y son las que nos trasladan a esta dimensión de buena proyección de lo que hacemos en las aulas y el eje está puesto en lo emocional, en lo afectivo y en lo vincular.

¿A qué tipo de docentes destacaban los estudiantes para inscribirlos en la categoría de “memorables”?

Cuando les preguntamos a los estudiantes por qué elegían a estos profesores ninguno ponía en duda el dominio del contenido. Todos son excelentes en dominio del contenido. Lo que los diferenciaba del resto era esta condición que los hacía salir como de borde, que los bifurcaba del resto por el vínculo muy particular que tienen con las instituciones, los contenidos y el tratamiento de los contenidos. Ellos cruzan campos disciplinares, rompen las estructuras lineales de las corporaciones disciplinares, apuestan por una dimensión afectiva y emocional, rompen con la linealidad del aula, generan esta condición de bifurcar o hacer un punto de fuga de lo que la generalidad dice que hay que hacer en la docencia desde una perspectiva más tecnocrática. Eso los hace diferentes. Se llevan muy mal con las instituciones, pero tienen un dominio muy interesante de la disciplina. Por ejemplo, el profesor de diseño arquitectónico que enseña a diseñar a partir de la poesía y de la música; la profesora de literatura que explica teoría literaria a partir del psicoanálisis; la profesora de filosofía que enseña filosofía antigua a partir de una perspectiva foucaultiana. Se animan a tomar objetos complejos para su enseñanza y los transforman, como si fuera la metáfora del viaje. Tienen esta condición de hacer que sus clases sean un viaje.

¿Es decir que los estudiantes consideran que un docente es memorable cuando ha generado un impacto en su vida, más allá del aprendizaje específico de la disciplina?

Si. Podemos tomar la definición de Philip Jackson de la vida en las aulas que dice que en las aulas pasan muchas cosas que no están explícitas y eso que está implícito de alguna manera genera una acción de principios en los estudiantes para definir el currículo oculto. Estos profesores generan esa condición de ser generadores de esta acción de principio en otros y por eso despiertan la curiosidad, el interés. Una graduada en un grupo focal sobre la profesora de literatura nos dice: “llorar cuando ella está leyendo, reírse cuando ella está leyendo en una clase, eso es la felicidad”. Asimilar la felicidad al momento en el cual la profesora lee un texto, lee una obra, lee una poesía es realmente poner una condición afectiva y emocional muy potente en la enseñanza.

¿De la investigación se desprende qué tipo de profesores son capaces de realizar una práctica tan particular?

Sí, tiene que ver con su vida. El carácter de la investigación que hacemos es biográfico. Han tenido vidas interesantes, tienen una concepción de la vida muy particular. Hay una característica y es que son muy curiosos, no sólo por el propio campo, sino por otros campos. Esa curiosidad por otros campos disciplinares, por otras lecturas, por otras experiencias, hace que sus clases sean un continuo habitar otros mundos. Lo que hacemos en nuestras clases, les permite a los estudiantes salirse de sí mismos y ubicarse en nuevos contextos, es ahí donde tiene sentido lo que enseñamos. Si replicamos linealmente lo que dice un texto, eso en realidad lo pueden hacer solos. Pero si ese habitar la clase nosotros podemos a partir de esos objetos que son complejos para enseñar, los podemos hacer trasladar en términos de resignificar lo que estamos enseñando y a partir de eso poder trasladarlo con otro sentido a lo que explícitamente un texto dice, entonces esa es la condición de enseñanza en su máxima exponencia.


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