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Entrevista a Raquel Chan

Publicado el 09/11/2022 en Noticias UCC

Si la sequía que, por estos días, está generando proyecciones muy negativas para la próxima cosecha argentina se consolida con el cambio climático, el trabajo y los logros científicos de Raquel Lía Chan, la flamante ganadora del Premio Ada Byron 2022, asumirán proporciones históricas y globales.

Es que la Dra. Chan y su grupo de investigación de la Universidad del Litoral y el Conicet lograron con una modificación genética que las plantas de trigo y soja con el gen HB4 soporten y tengan buenos rindes aun en períodos de sequía. Por eso es que ya varios países han autorizado la compra y la utilización de este tipo de cereal; porque permitiría sostener niveles de producción alimentaria incluso en épocas de sequía, sin los cuales podría agravarse el hambre en el mundo.

Detrás de este logro científico, y más allá de algunas polémicas suscitadas en el debate ambiental, hay años de trabajo, de esfuerzo, de estudio, de renuncias personales y familiares, y de vocación de servicio que el Premio Ada Byron quiere destacar y promover.

Hablamos de todos estos desafíos con la mujer que se acaba de sumar a Silvia Goyanes y  Noemí Zaritsky en el listado de científicas y tecnólogas galardonadas por nuestras casas de estudios superiores.

 

¿Qué significa para usted este reconocimiento? ¿A quién incluye en este logro?

Este nuevo reconocimiento, el premio Ada Byron, aunque no esperé que me lo dieran, no me tomó de mucha sorpresa porque está dedicado a mujeres que hacen tecnología en el país, y, por suerte, tenemos un país que tiene muchas y muy buenas que lo hacen; y eso se vio bastante en el período horrible de pandemia que pasamos en los últimos años. Es un reconocimiento a todo mi grupo, con una trayectoria que fue bastante complicada, tortuosa, con muchos pasos distintos, pero que llegó a un final bastante exitoso. Y no hablo de mi trayectoria personal, sino de la del equipo de trabajo que, aunque ha ido variando, ha sido muy dinámico, porque así es el sistema científico (en los grupos entran becarios que después se doctoran, salen, y entran otros nuevos, y vuelven a salir). Lo que yo siempre digo es que este tipo de trabajo es un trabajo en equipo, no se puede hacer en forma individual. Y, si bien el reconocimiento es individual, para mí, como cabeza visible de todo este largo proceso, quiero dejar claro y agradecer y reconocer el trabajo de mucha gente, muchas personas: desde mis maestros, que me enseñaron a utilizar la metodología científica, a ser seria, a ser crítica y autocrítica; pasando por mis colegas de los cuales sigo aprendiendo todos los días; hasta mis discípulos, de los cuales sigo aprendiendo continuamente. Todos ellos son parte de este premio. Por supuesto, siempre la familia que me ha apoyado, sobre todo los hijos que me han bancado ser una mamá con bastantes ausencias por el trabajo, como intentaba hacer todo, como “superwoman” y una no lo es; obviamente se han tenido bancar algunas ausencias y entender que el trabajo era muy importante para mí, y también para la formación de ellos.

 

¿Cómo surgió su interés por la ciencia? ¿Tiene algún recuerdo que, en este sentido, la haya “marcado vocacionalmente”?

Mi interés por la ciencia fue o es el interés innato que tienen todos los chicos, esa curiosidad que la Real Academia Española define, en la primera acepción, casi como “ser chismoso”, “querer enterarse de las cosas ajenas” o algo así, no lo recuerdo de memoria. Y recién en la segunda acepción define “sentir curiosidad por conocer lo que no se entiende, o por comprender las cosas”. Yo creo que las ciencias biológicas, el estudio de la vida, que son las que yo más he investigado, nos llevan a hacer observaciones continuamente, desde que somos chicos, acerca de qué está pasando en la naturaleza: ¿Por qué las personas hablan y los animales no? ¿De dónde vienen las personas? ¿De dónde vienen los perros?, como me preguntó mi hijo cuando tenía cuatro años. Yo recuerdo que empecé a explicarle la gestación, lo de la mamá perro, y él me dijo: “No. Eso ya lo sé. Yo quiero saber del primer perro”. Esa curiosidad creo que la tenemos todos. En algunas familias, el entorno social o familiar en el que uno se desenvuelve, estimula.

 

¿Qué curiosidades, gustos o preocupaciones la llevaron al estudio científico y a la elección de sus investigaciones?

Yo era una curiosa de las cosas de la vida y, si bien no hay un evento muy particular que me definió, recuerdo que cuando entré en la Universidad yo quería conocer cómo era la química de todos los procesos, de cómo razonar, o porqué tenemos ciertas conductas… lo que era absolutamente naif, pero yo pensaba que se podían explicar desde la ciencia, desde la química o desde la física, todos estos pensamientos. Eso no es posible, no es sencillo, al menos en el estado del conocimiento actual. Pero al estudiar, al aprender cada vez más de las ciencias biológicas, se empiezan a abrir preguntas y más preguntas sin contestar. Cuando uno elige qué hacer, en realidad no tiene mucha idea, todo le parece interesante, pero no tiene mucho foco; y juega mucho el grupo de trabajo, el director, el que guía, el que dice “tenemos esto y tengo la plata para hacer esto, y esto es lo que vas a estudiar”. Uno va evolucionando y se sigue haciendo preguntas, y en un momento tiene la certeza o el foco de lo que quiere investigar. En mi caso fue por qué algunas plantas se adaptaban mejor al medioambiente que otras. Me gustaban las plantas… en realidad los animales también, pero no para trabajar, no sería capaz de hacer ciertos experimentos con animales. No critico a quienes los hacen, pero yo no los podría hacer. Las plantas no lloran, no gritan…aunque son seres vivos. Yo comencé a preguntarme por qué, cuando me olvidaba de regarlas, esta planta sobrevivió y esta otra no. Así fuimos y vamos avanzando lentamente en el conocimiento. Todos los científicos hacemos muy pocas contribuciones, y esas contribuciones están “a hombros de gigantes”, lo que significa que nos basamos en todo lo que vieron, comprobaron y escribieron otros; y sobre eso damos un pasito más. Ya casi no hay descubrimientos revolucionarios como hace 500 años atrás. Ya nadie descubre, como Newton, la ley de la gravedad. Eso ya casi no existe. En general, las ciencias van avanzando sobre otras ciencias, paso a paso y, en su conjunto hacen un paso grande para la humanidad. En fin, la curiosidad es la madre de todo el avance científico-tecnológico.

 

¿Cómo observa o evalúa el lugar y el rol que ocupan en la ciencia de nuestro país, en la actualidad, primero usted, en particular, y segundo las mujeres en general?

Yo pertenezco a una generación que todavía tenía mandatos sociales muy fuertes. Mandatos que van cambiando un poco con el tiempo. Pero existe una generación antes que la mía, de científicas muy prominentes, que hicieron trabajos y contribuciones muy interesantes. El tema de la mujer hoy en la ciencia en nuestro país, se caracteriza por no tener una discriminación hacia las mujeres, sobre todo en el ámbito científico. Sí hay una diferencia social que se viene saldando cada vez más; un mandato social, el mandato de la maternidad, del cuidado de los padres, del cuidado de los hijos, del cuidado de la familia que sigue estando más sobre los hombros de la mujer que del varón. Sin embargo, eso ha venido cambiando. Ha cambiado mucho. Ya la generación de mis hijos comparte mucho más las tareas hogareñas que en las nuestras estaban todavía mayoritariamente a cargo de las mujeres. Pero el problema no fue en el ámbito científico, por ejemplo, que en un concurso te dieran menos puntaje o menos valor a lo que hace una mujer. Sino en las obligaciones familiares que quitaban tiempo al esfuerzo. Por eso yo no puedo decir que la diferencia haya estado en la ciencia; más bien, en una diferencia planteada en la sociedad toda. La ciencia, el ámbito científico, se caracteriza por la menor discriminación si se la compara, por ejemplo, con el ámbito o con puestos empresarios donde sí se da. Va a pasar un tiempo hasta que los derechos sean absolutamente igualitarios; incluso ahora hay una cuestión pendular en la que algunas cosas se están yendo un poquito para el otro lado. La cuestión de género está tomando, por ahí, demasiado peso, para mi gusto. Está perfecto que se motive a las mujeres a ser científicas. En las carreras científicas hay muchas mujeres, incluso, en algunas podemos decir que son mayoría. El problema, insisto, no está ahí. El problema está en lo social que impide a muchas romper el “techo de cristal” u ocupar lugares que ocupan los hombres. Creo que vamos por buen camino si nos comparamos con otros países. Ni hablar de los países donde las mujeres no pueden ir ni siquiera a la escuela. Hay cosas por hacer aquí, pero, desde mi punto de vista, es ir hacia una cosa más igualitaria, pero me preocupa que haya una discriminación hacia los varones; que por beneficiar a las mujeres no nos vayamos al otro lado. Quizá sea porque soy mamá de hijos varones. Porque a veces veo que se otorga mayor puntaje o hándicap sólo por el hecho de ser mujer. Entonces, creo que las mujeres que están hoy en lugares importantes de la ciencia han hecho esfuerzos redoblados por ocuparlos, y creo que eso no debería ser así; que los esfuerzos y los reconocimientos deben ser iguales. Pero soy optimista en ese sentido, porque creo que cuando se dan movimientos fuertes, como ahora con el feminismo y los movimientos por la diversidad, el péndulo se va un poquito para el otro lado y, en algún momento va a llegar a un balance de igualdad entre géneros.

 

¿Cuáles son las barreras que obstaculizan un mayor desarrollo de las mujeres científicas y tecnólogas en el contexto actual?

Los obstáculos, las barreras para que la mujer haga ciencia no están en las universidades, ni en el Conicet, ni en los ámbitos científicos. Están en lo que es nuestra la sociedad toda. Cuando un chico nace se espera que la mamá se ocupe todo el tiempo, porque también hay cuestiones biológicas insuperables…la mamá es la que amamanta; pero ahora se está tomando muy en cuenta ese tiempo como un tiempo que se le da de hándicap a la mujer, y eso está bien. Pero esto más que un obstáculo es un “retrasito”, un tiempo de baja producción científica que se “le perdona” a la mujer porque hay una situación biológica. Casi todas las instituciones tienen el período largo (de licencia por maternidad).  Pero ojo que tampoco todas las mujeres son mamás, y ahí ni siquiera existe esa diferencia. Y últimamente yo estoy viendo que hay muchas mujeres que eligen no ser mamás. Y habrá que preguntárselo a un sociólogo. Yo nunca me sentí discriminada. Creo que siempre se me dieron las mismas oportunidades. Obviamente el esfuerzo tuvo que ser redoblado sobre todo cuando mis hijos fueron chicos porque requerían muchísima atención, como todo niño, y yo no los iba a dejar.

 

¿Qué otras acciones, iniciativas –como la de este premio, por ejemplo- pueden tomar las universidades y los ámbitos de la ciencia y la tecnología para destacar y promover aún más la labor científica de las mujeres?

Las universidades y las instituciones científicas están tomando iniciativas para premiar e incentivar o poner modelos de mujeres científicas para que otras también se animen y vean que pueden llegar. Además de este premio Ada Byron que es muy prestigioso y estoy súper agradecida, está el premio L´Oreal y hay otras cosas que están destinadas sólo a mujeres. Se podría pensar en un premio para una joven científica, no ya para quienes tienen una larga trayectoria. Premios para quienes están en el inicio de la carrera científica pero que haya hecho alguna contribución destacada. Como un incentivo. También otras instituciones otorgan becas o prebendas para el tiempo de maternidad, eso es importante. Creo que no hay mucho más para hacer sin irse del otro lado del péndulo. Hay que hacer pequeñas acciones y evaluar las consecuencias de esas acciones. Eso es importante y a veces no se hace. No sólo para estas cuestiones de mujeres. Se hacen convocatorias, se otorgan subsidios y no se miden a dónde fueron, qué impacto tuvieron. Se tienen que hacer evaluaciones para saber si mejoraron las carreras de las beneficiarias, si hicieron un paso adelante, o, si no lo hicieron, que den lugar a otras. También para evaluar si estas medidas no tuvieron consecuencias positivas, para pensar en otras.

 

 

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Conicet Universidad del Litoral Premio Ada Byron 2022 Raquel L铆a Chan

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