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Envases inteligentes

Publicado el 20/11/2017 en Investigación y Tecnología

Las nuevas tecnologías juegan un papel importante en el ámbito de la alimentación porque permiten producir alimentos y bebidas que se adaptan a las demandas de los consumidores de manera segura. A través de las innovaciones tecnológicas se desarrollan nuevos productos que persiguen calidad y seguridad alimentaria.

Nuevas funciones

La revolución tecnológica de los últimos años ha transformado el envase de mero contenedor de producto a fuente de información y herramienta básica de marketing. La industria alimentaria ha trabajado para incorporar nuevas funcionalidades que hasta hace poco eran  inimaginables, como los envases inteligentes. Dotados de sensores que, por ejemplo, cambian de color si el producto no ha mantenido la cadena de frío, se ha contaminado o comienza a tener signos de deterioro.

La información que se brinda al consumidor se basa en la interacción que sucede entre el propio alimento y el envase, que desencadena una modificación (normalmente visual) en el envase, que es indicador de la calidad o del estado del producto. De esta manera, el consumidor tiene la información del grado de frescura del alimento al comprarlo en la cadena de distribución o durante el almacenamiento en su casa. Las sustancias responsables de la función activa o inteligente pueden estar en un recipiente, a veces en una bolsita de papel, o estar directamente incorporadas en el material de envase.

Algunos casos

La empresa Toro, en Noruega, ha trabajado en  un tipo de envase que emite un  aviso acústico cuando la preparación que es introducida al microondas está lista. Por su parte, las tintas termocrómicas indican la temperatura óptima para consumir el producto, por ejemplo en la cerveza.  Un paso más allá, están los envases activos, que alargan la vida útil del producto a base de nanotecnología, que actúa a nivel de átomos y moléculas.

Uno de los principales avances es el uso de nanopartículas en el plástico para impermeabilizar más el material, y crear así la “ultra-barrera”. De esta forma, se logra alargar la vida útil de los productos porque se hace el envase más impermeable, evitando que el oxígeno entre en el interior y lo deteriore. Estos avances permiten, además, que se generalicen envases que hasta hace poco se pensaban imposibles, como la botella de cerveza de plástico donde no se pierde ni gas ni aroma.

Los envases del futuro no se limitarán a esperar el momento de pasar de la heladera al comedor y luego a la basura. Tendrán otras tareas antes de ser reciclados: alargarán la vida de los productos frescos, nos avisarán si la carne envasada está caducando, o evitarán que un virus pueda contaminar nuestras verduras. Todo esto pasará muy pronto. De hecho, algunos de estos envases inteligentes o activos ya están en el mercado.


Por Luisina Lavari, Licenciada en Tecnología de los Alimentos y docente de nuestra Facultad de Ciencias Químicas.

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