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Las tres caras de la crisis de Brasil

Publicado el 05/04/2016 en Noticias UCC

Por Alexander Freier, profesor titular e investigador de nuestra Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.

Brasil se encuentra transitando una profunda crisis de naturaleza económica, política y social, cuyos efectos internos e internacionales se agravan con el correr del tiempo. 

Los problemas económicos comenzaron a vislumbrarse alrededor de 2009, luego de casi una década de crecimiento sostenido, con motivo de la desaceleración económica de su principal socio comercial –China–, el cual vio interrumpido su nivel de desarrollo a partir de la crisis del sistema financiero de los Estados Unidos que luego se extendió a nivel global. El encadenamiento de aquellos acontecimientos internacionales derivó en el estancamiento y posterior recesión de Brasil, lo que obligó al gobierno a implementar diversas medidas de reestructuración de su economía, las cuales han resultado insuficientes para frenar el avance de la crisis.

Al complicado panorama económico se le sumó también, a partir de 2014, una intensa crisis política que estalló a partir del escándalo de corrupción denominado Lava Jato, que involucra a numerosos políticos y poderosos empresarios en maniobras multimillonarias de lavado de dinero. Ese lamentable capítulo de la historia de Brasil develó ante la mirada atónita de sus ciudadanos una compleja trama de inmoralidad en el manejo de las instituciones públicas, que claramente ha contribuido a la profundización de la crisis económica, entre otras razones, por la pérdida de confianza de los inversores extranjeros.

La consecuencia inmediata de la difícil coyuntura antes descripta fue, sin dudas, el deterioro en la calidad de vida de los ciudadanos. Esa situación provocó una tercera crisis, de naturaleza social, que se vio reflejada en el alto nivel de repudio de gran parte de la ciudadanía, que reclama el saneamiento de las instituciones. Por su parte, el clamor popular para que se ponga fin a la corrupción que alimenta la crisis económica, ha sido oído por el Poder Judicial, el cual ha llevado adelante investigaciones que han derivado en más de un centenar de procesamientos y condenas, la suspensión del nombramiento del expresidente Lula da Silva como Jefe de Ministros del actual gobierno, y la amenaza de un inminente juicio político para la destitución de la presidente Dilma Rousseff.

El contexto actual de Brasil, que combina problemas coyunturales con otros estructurales, no es un escenario que se mire de lejos, porque está sacudiendo fuertemente a Latinoamérica, al Mercosur, y con mucha intensidad a la Argentina. Esta suerte de propagación de la crisis del "gigante sudamericano" es consecuencia de los procesos de globalización y regionalización que colocan a los distintos países como piezas de un mismo rompecabezas. Mientras los procesos globales sincronizan el funcionamiento de los mercados a nivel mundial y aceleran la circulación de la información, los procesos de regionalización comprimen aún más las distancias geográficas mediante la erosión de límites jurídicos o físicos. De esta forma, la interdependencia que se genera entre las naciones conlleva el riesgo de crisis con efecto dominó.

En ese marco, la reflexión siguiente se centrará, puntualmente, en las implicancias que tiene para Argentina la crisis de Brasil.

Desde el costado económico, cabe señalar que la unión aduanera imperfecta implementada en el marco del Mercosur favoreció significativamente el flujo del comercio entre ambos países. Dicho factor, sumado a las políticas argentinas que priorizaron durante una década los vínculos intra-regionales por sobre la apertura al resto del mundo, colocaron a Brasil como principal socio comercial. Los principales rubros exportados a nuestro vecino incluyen materiales de transporte terrestre, cereales, carburantes, grasas y aceites lubricantes. En esa lógica, la recesión brasilera ha provocado la contracción de la economía nacional y la consecuente pérdida de empleo debido a la disminución de las exportaciones, tal como lo muestra, por ejemplo, la difícil situación que atraviesa la industria automotriz.

Desde otro ángulo, la crisis política y social de Brasil, además de su potencial efecto negativo en el normal desenvolvimiento de proyectos políticos bilaterales, también puede ser analizada desde su efecto ejemplificador. Es decir, la crisis política y social de nuestro vecino puede ser vista como un mensaje de la ciudadanía a las clases gobernantes, presentes y futuras, recordando que en los estados democráticos el pueblo es el soberano y no tolera instituciones corruptas ni consiente la impunidad de sus representantes.

Finalmente, como corolario de las reflexiones ofrecidas, resulta oportuno señalar que el giro político que dio Argentina a partir de diciembre de 2015 ha abierto un nuevo escenario de análisis, ya que, si bien Brasil sigue siendo su principal socio comercial, la gradual apertura al mundo impulsada por el actual gobierno implica nuevas oportunidades de desarrollo comercial, económico y financiero, y nuevas posibilidades de establecer vínculos políticos con otros estados, que permitan disminuir la gran dependencia con Brasil y de ese modo atenuar los efectos negativos de la crisis que amenaza con profundizarse.

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