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Neuroeducación

Publicado el 07/10/2016 en Noticias UCC

Aunque hayan transcurrido ya muchos años desde que se inició la educación formal, la base de nuestro sistema pedagógico sigue siendo la misma: un maestro, poseedor del conocimiento, y que lo transmite a un grupo de alumnos que escuchan y “aprenden”. En general, los programas son estructurados y rígidos y tienen mucho contenido para memorizar.

En contraposición, hay quienes sostienen que un sistema basado en los procedimientos (aprender haciendo) es el que más afianza los conocimientos. Es lo que afirma Tomás Ortiz Alonso, Doctor en Medicina y en Psicología, y catedrático del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Lleva más de 30 años dedicado a la docencia en asignaturas relacionadas con la Neurociencia Cognitiva, Neuropsicología, y Psicología Médica (Psiquiatría). Para él, la neurociencia puede aportar mucho para cambiar y mejorar la educación. Junto a su equipo de investigación, idearon el programa neuroeducativo HERVAT un revolucionario método de aprendizaje que se aplica diariamente cinco minutos antes de cada clase. Consiste en ejercicios de hidratación, equilibrio, respiración, visión, audición y tacto con el objetivo es favorecer los procesos atencionales y consecuentemente, los cognitivos.

En Madrid, este programa ya lleva cinco años de implementación en varios colegios. Ortiz Alonso vino a nuestra Universidad a comentar la experiencia invitado por las facultades de Filosofía y Humanidades, y Educación.

–¿Cuáles son los conceptos fundamentales de la neurociencia que pueden ser útiles en la educación?

–Fundamentalmente, son conocimientos sobre neurodesarrollo porque trabajamos con niños. Conocemos mucho sobre  el desarrollo del cuerpo, pero poco sobre el cerebro.

La neurociencia está aportando conocimientos sobre esto como cuáles son los tiempos críticos y las estructuras o las áreas del cerebro que se desarrollan antes y después.

Es importante también conocer la neuroplasticidad cerebral. El cerebro amplifica sus conexiones a través de la experiencia, los conocimientos y la escuela. Por eso, los docentes deben saber qué es importante hacer para que ese cerebro amplifique esas conexiones y se haga más maduro, estable y adaptado a las exigencias de la escuela.

Otro concepto importante que aporta la neurociencia tiene que ver con las asimetrías que puede haber en determinadas funciones en relación al funcionamiento del cerebro. Es decir, cómo determinadas áreas organizan la información y otras la ejecutan, otras reciben la información y la elaboran y la llevan a estructuras para que tomen la decisión.

–¿Que efectividad han demostrado los programas educativos basados en las neurociencias?

–Principalmente hemos comprobado que los niños aumentan muchísimo sus niveles de atención y también que los 15 minutos siguientes de realizar el programa aprenden mucho y mejor y retienen más cosas.

–¿Podría explicar a grandes rasgos en qué consiste el método HERVAT que ustedes proponen?

–A grandes rasgos, es un proyecto que utiliza un sistema diametralmente opuesto al pedagógico. Se basa en cómo el cerebro ha ido adquiriendo información desde que nace. El proyecto trata de organizar una serie de ejercicios para que el organismo se encuentre en las mejores condiciones para poder aprender. Por otra parte se trata de estimular los sistemas sensoriales a través de los cuáles va a aprender el niño: visión, audición y tacto. Son los dos grandes procedimientos en los cuáles se basa el proyecto.

–¿Cómo puede medirse su efectividad?

–Nosotros hemos medido los resultados desde el punto de vista pedagógico: si los niños aprenden más, cómo aprenden, si están más o menos atentos, si obtienen mejores o peores notas. También hemos medido qué pasa en el cerebro antes y después de la implementación del programa: qué áreas se activan más y cuáles menos. Eso se hace a través de electroencefalografías que se realizan antes y después del curso. Otra medición es a través de test psicológicos que miden aptitudes, inteligencia, atención. 

– Para usted ¿cuáles son las mayores problemáticas que afronta el sistema educativo?

– Hay un problema de déficit de atención muy grande en la sociedad actual. Probablemente uno de los motivos es que la estructura educativa es muy rígida y no permite cambios bruscos. Al menos aquí en Argentina, en España y en la mayoría de los países europeos es así. Los programas son muy estructurados, tienen mucho contenido para aprender de memoria y la posibilidad de introducir nuevos conocimientos y metodologías es muy difícil. Por lo tanto, establecer métodos de enseñanza basados en la neurociencia es complicado.

–¿Qué es lo que no se debe hacer en un programa educativo en función de los conceptos obtenidos en las neurociencias?

–No recomendaría hacer muchas de las actividades que se hacen: una enseñanza basada durante mucho tiempo en la estimulación visual o auditiva; clases de tipo magistral donde se da mucha información y no se deja que el niño pueda elaborarla; o demasiados contenidos que no tienen una utilidad práctica. Esos son los fallos de la educación actual. Es un problema que viene desde hace más de 200 años. Cuando cambiamos a la era de la industrialización, se pasó de un sistema de aprendizaje basado en procedimientos que daba lugar a una capacidad profesional que se va adquiriendo, a uno basado en contenidos que no te capacita sino que te da una gran cultura. Aprendes una gran cantidad de cosas pero que no te sirven para hacer cosas.

Hay expertos que dicen que recordamos un porcentaje mucho mayor de lo que hacemos (90%) en contraposición de lo que leemos o escuchamos. Si uno aprende a andar en bicicleta o escribir, pueden pasar 40 años y va a seguir sabiendo hacerlo. Por eso, un sistema basado en los procedimientos es el que más afianza los conocimientos.

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