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Nuevos mandatos

Publicado el 15/12/2015 en Actualidad

Por Pamela Cáceres.
Decana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.

El año electoral llega a su fin. Se inician nuevos mandatos -y algunas renovaciones- en este diciembre en el que conmemoramos los 32 años del retorno democrático en nuestro país.

En estos meses de 2015 todas las campañas electorales, en los distintos niveles estatales, hicieron uso intensivo de las palabras continuidad y cambio, asignándole sentidos e interpretaciones diversos según quién las utilizara y las expectativas de los distintos electorados. Pero más allá de ello lo cierto es que, si pensamos en perspectiva y balance, debemos reconocer la madurez que ha logrado alcanzar nuestro régimen democrático en estos años. Podríamos decir que ambos elementos -continuidades y cambios- son deseables si entendemos la consolidación como capacidad de aprendizaje y mejora continua en lo que lo importante es reconocer dónde radican las debilidades aún presentes y los avances que pueden potenciarlo.

Utilizando estas categorías y evaluando el año que termina y el nuevo ciclo que comienza podría decirse que uno de los cambios positivos más notables que se observan en la sociedad argentina es el mayor grado de politización de las reflexiones y planteamientos desde la ciudadanía. A pesar de que la retórica electoral, el marketing político y las propuestas superficiales, y en algunos casos ambiguas y cambiantes, la ciudadanía en distintos ámbitos -también con mucha presencia en las redes sociales- demostró un elevado nivel de debate político en torno a modelos de país, de provincia y de ciudad. Se identificaron y explicitaron posturas político-ideológicas y también estratégicas acerca de las orientaciones fundamentales que debería encarar el desarrollo económico, la inclusión social y la calidad institucional. La sustentabilidad del ambiente y los recursos naturales y su articulación con modelos productivos, prácticamente ausentes en las propuestas de campaña y en los debates de candidatos, encontró a una sociedad civil militante procurando instalar el tema en agenda y planteando posicionamientos definidos sobre el mismo. La violencia de género y los femicidios, de manera similar, convocaron y movilizaron a miles de ciudadanos en todo el país reclamando medidas urgentes pero también políticas integrales para abordar la problemática. La denuncia de hechos de violencia institucional y abusos en la aplicación del Código de Faltas que rige en la provincia de Córdoba, no sólo constituyeron banderas de la movilización ciudadana y objeto de pronunciamiento de numerosas organizaciones sociales, sino que logró forzar propuestas electorales para atender este reclamo por parte de todas las fuerzas políticas.

La opinión y el debate público focalizó también en el análisis crítico de los modos de construcción y del ejercicio del poder político reclamando formas más dialógicas, transparentes y consensuales para la toma de decisiones. El fin no justifica los medios. El debate sobre la calidad institucional, la necesidad de mayor acceso y confianza en la información pública, el combate a la corrupción tuvo mucha incidencia en las reflexiones y decisiones del electorado en los distintos niveles jurisdiccionales.

Podríamos decir que una de las notas distintivas de este año ha sido la de una ciudadanización del debate electoral.

Las demandas de continuidades demuestran también el mayor grado de madurez política de los argentinos. Existen logros y avances que la ciudadanía no está dispuesta a resignar: la democratización de la comunicación, las políticas de ciencia y tecnología, la Asignación Universal por Hijo, las políticas de acceso a la vivienda, de derechos humanos, etc.; que no sólo necesitan mantenerse sino que tienen que ser profundizados. Y esta valorización de las políticas públicas fue interpretada por los diferentes candidatos. La opinión pública fue muy clara y probablemente por ello los discursos electorales tendieron a parecerse.

Pero también se pudieron observar continuidades o permanencias que es preciso entender como desafíos por delante. Las definiciones de alianzas electorales y candidaturas, las decisiones verticales sobre la concurrencia o no a internas, la idea de “la propuesta es el candidato”, la falta de construcción programática de largo plazo, de nuevos liderazgos y la falta de democracia interna, demuestran que permanece y se profundiza la debilidad del sistema de partidos políticos. Ante una sociedad repolitizada los partidos no han logrado recuperar su papel e identidad como articuladores de reivindicaciones y posicionamientos políticos ideológicos diferenciados y reconocibles en términos de programas políticos. Permanece aún la reticencia al debate público – con la excepción extraordinaria e histórica del debate de candidatos a presidente previo a la segunda vuelta-. También persiste la resistencia a la evaluación crítica de las gestiones y a la rendición de cuentas, lo que constituye un obstáculo no sólo para articular vínculos de aprendizaje y legitimidad con la ciudadanía sino que también alimenta la falta de transparencia. Esto se pudo observar particularmente en la dificultad de las transiciones de una gestión a otra, en la aprobación masiva de normas y en las decisiones de última hora que comprometen al nuevo período gubernamental y también al interés público. Ninguno de los niveles estatales escapó a esta lógica.

Las reformas políticas encaradas en los últimos años han sido, en la práctica, implementadas tibiamente, o en algunos casos rectificadas. En otros, la contienda electoral y sus resultados han hecho evidente la necesidad de encarar reformas institucionales que generen mejores condiciones para la transparencia y la credibilidad de los procesos electorales y a la par mejore la representatividad. Tendremos que ver cuán receptivos y abiertos a estos desafíos se presentan los dirigentes electos para los próximos cuatro años.

Continuidades y rupturas. Celebramos nuestra democracia, treinta y dos años consecutivos de elecciones y sucesiones de mandatos y, sobre todo, la esperanza y el compromiso de seguir fortaleciéndola.

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