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Obsolescencia programada

Publicado el 06/01/2016 en Actualidad

Si has estado acampando sin energía ni agua corriente, te habrás dado cuenta de lo lejos que estamos en nuestra sociedad actual de los hombres que éramos a principios del siglo pasado, lo distinta que se ha vuelto nuestra vida, las comodidades que tenemos y a las que ya nunca podremos renunciar. Teléfono de última generación, plasma, tablet, Play Station son productos que las personas utilizamos para medir un status social.

Aquellos que quieran usar su celular hasta que se rompa serán vistos como los románticos que van a contramano del desarrollo tecnológico, son personas que a la larga van quedando fuera del sistema. También es muy común endeudarnos para adquirir productos que –si lo pensamos bien– no necesitamos.

Lamentablemente, ya hemos incorporado el consumismo a nuestro estilo de vida. Comprar nos produce felicidad y así compensamos todas nuestras frustraciones. Tenemos la necesidad de estar permanentemente actualizados en la tecnología, aunque sepamos que esto durará solo unos meses, hasta que sintamos de nuevo el impulso de volver a consumir para estar en la cresta de la ola.

Pero ¿qué hacemos con todo lo que ya no sirve? O más bien con todo lo que ya no usamos. Desafortunadamente, hay pocos programas para reutilizar lo que desechamos, y la verdad es que a poca gente le importa adónde va la basura. Pareciera que, cuando sacamos la bolsa a la calle, esta desaparece como por encanto. Nada más gráfico que Wall-e, la película de dibujos animados que nos muestra el futuro de un mundo lleno de residuos en el que ya no cabe espacio para la vida.

Entonces, ¿qué se hace con el DVD portátil que se rompió, con el monitor que ya quedó desactualizado, o con los teléfonos celulares que van quedando en desuso? Casi siempre resulta más conveniente comprar algo nuevo que reparar un aparato. Así lo muestra el documental de la televisión pública española, Comprar, tirar, comprar, en el que se plantea cómo las empresas diseñan adrede los productos para que sean menos durables y así tengamos que adquirir uno nuevo.

El documental se inicia con una impresora que se rompe y es llevada a un servicio técnico, donde se recomienda comprar una nueva. El dueño del aparato decide empeñar tiempo en arreglarla e, investigando un poco más, se encuentra con la información que busca: la impresora está programada con un chip que limita su vida útil a un determinado número de copias.

Como este, se narran otros casos como el de medias irrompibles que dejaron de fabricarse porque esto implicaba bajar el consumo, y el más contundente y de larga data es el de las lamparitas. El documental cuenta a las claras cómo las empresas hicieron un acuerdo para limitar la vida útil de las lámparas desde 2.500 horas a solo mil. El concepto, denominado “obsolescencia programada”, se basa en que si la gente no compra, no crece la economía. 

La obsolescencia programada surge con la producción en masa. Con tantos productos fabricados, se debía fomentar permanentemente en la gente la necesidad de comprar. Una de las estrategias fue limitar la vida útil de los productos para que se rompan o pasen de moda.

El concepto se desarrolló por primera vez entre 1920 y 1930, años en los que imperó un modelo de mercado cuyo objetivo fue el lucro económico en detrimento del ser humano y del ambiente.

Ya en los años 1950, la obsolescencia se desarrolló naturalmente a través de la moda y con la introducción de nuevas tecnologías pensadas en un consumidor insatisfecho que siempre aspira a comprar el último modelo de un producto. La tendencia tiene que ver con fijarse más en el aspecto de las cosas y no en su durabilidad, por lo que el diseño y el marketing comenzaron a ser fundamentales.

Pensemos en lo que compramos

“El hombre disfruta de la herencia fabulosa de más de cuatro mil millones de años que le ofrece la Tierra. Él solo tiene 200 mil años habitándola, pero se ha apoderado de ella”. Esta frase es parte de lo que se expresa en el documental Comprar, tirar, comprar.

En 50 años, el hombre ha modificado el mundo más rápido que todos los seres humanos que nos han precedido. Este dato nos ayuda a ser conscientes de lo rápido que se han sucedido los acontecimientos y del poco tiempo que nos queda para revertir esta tendencia.

En la actualidad, la mitad de la riqueza mundial está en manos del dos por ciento de los más ricos y el 20 por ciento de los hombres consume el 80 por ciento de los recursos del planeta. Esto quiere decir que mientras los más pobres buscan subsistencia y muchos viven sin acceso a lo básico, el resto sigue buscando recursos que cree indispensables, muchas veces a costa de acciones irreversibles.

Ser consumidores responsables implica reflexionar sobre lo que compramos, abandonar la lógica del exceso, comprar productos durables y de empresas que tengan una política de reciclado de aquello que fabrican.

El camino ya está hecho. Ahora el desafío es revertirlo.

¿Qué se puede hacer en Córdoba?
Campaña de Recolección de Aparatos Electrónicos (Raee)

Una alternativa para desechar los artefactos electrónicos es la campaña Raee. Se trata de un programa que consiste en la recolección de residuos eléctricos y electrónicos, pilas y baterías para su reciclado y tratamiento de las partes.

El objetivo de la campaña es que la gente tenga los medios adecuados para llevar esos aparatos con componentes que contienen residuos peligrosos, que de lo contrario terminarían en el predio de enterramiento de basura.

Hay cinco puntos de recolección. Uno está fijo en el Paseo Sobremonte y los demás rotan entre los diferentes CPC de la ciudad. Se recibe todo lo referido a computación, teléfonos, televisores, radios, cámaras de foto o video, instrumentos musicales, consolas de videojuegos, pilas y baterías. No abarca heladeras, lavarropas o electrodomésticos.

Los contenedores son operados por personal de la Municipalidad, que está inscripta como generador de los residuos. Una vez que se llenan, la empresa Taym los retira y los lleva a su planta de tratamiento, donde se hace una separación. Las pilas y baterías se tratan con la oclusión. En cambio, los aparatos electrónicos son desguazados, se repara lo que se puede para donarlo y lo que no se divide y se recicla por partes. Los desechos que contienen residuos peligrosos, como por ejemplo las plaquetas, se exportan para su tratamiento en lugares autorizados. Esto está estipulado en la convención Basilea, que regula todo lo que tiene que ver con transporte y generación de basura peligrosa cuando no puede ser tratada en el país. Para los responsables de este proyecto que depende de la Secretaría de Ambiente, el resultado del programa es muy bueno y cada vez tiene más aceptación.

 

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