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Para qué educar

Publicado el 22/04/2019 en Noticias UCC

El sociólogo uruguayo Renato Opertti asegura que los cambios se logran sólo si hay voluntad política. El ex funcionario de la Unesco estuvo en la Católica y planteó que es fundamental la voluntad político-técnica para implementar cambios y que las reformas deben apuntar a lograr un sistema educativo ordenado de acuerdo a dos prioridades: claridad en lo que quiere, y flexibilidad con orientación. Es decir, un sistema compacto y no fragmentado. Lo fundamental, insiste, es saber para qué se educa.

Invitado por nuestra Facultad de Educación para participar en los programas de formación de su doctorado y maestrías, Opertti dio un pantallazo general sobre la situación de la educación en el mundo y cuáles son las claves para que las reformas sean efectivas.

En la Argentina se está discutiendo una reforma educativa, ¿qué deben mirar los sistemas educativos para encarar reformas efectivas?

Prefiero más hablar de transformaciones que de reformas, porque la reforma puede ser vista como una cuestión estática. Una transformación es un proceso progresivo de cambios que uno va instalando, desarrollando y apropiándose. Lo primero y fundamental es hablar de procesos permanentes y progresivos de transformación de la educación. Uno ve en el mundo que esos procesos funcionan mejor cuando hay una visión de conjunto, sistémica, integral. Los cambios funcionan mejor cuando son cambios en su globalidad, lo cual no quiere decir que de un día para el otro se cambie todo. Lo que pasa en el mundo es la integralidad, visión de conjunto, la profundidad, ir al "para qué".

Queremos educar y no obviar las preguntas centrales de la educación: qué tipo de educación, qué tipo de sistema educativo, qué tipo de centro educativo, qué tipo de institución educativa, qué tipo de docente necesitamos para qué tipo de sociedad. Esas preguntas hay que hacérselas. La educación refleja el imaginario de la sociedad y la educación es un asunto saludablemente controversial porque una sociedad no tiene un único imaginario. Dejar de lado esa pregunta es suponer que todos estamos de acuerdo en qué y para qué hay que educar y es donde tenemos mayores fuentes de fricción.

¿Qué países de América Latina tienen mejores sistemas educativos?

Hay evidencia de que algunas cosas parecen indicar caminos que llevan a resultados más sostenibles y mejores. En América Latina no hay un país que esté mejor, sino que hay experiencias. La idea de tener marcos educativos comunes en diferentes niveles es una estrategia interesante que están desarrollando Perú, México, Brasil. Otros son los enfoques que los países están tratando de impulsar en base a competencias. Argentina lo tiene, con el proyecto 2030. Lo tiene Colombia, Perú. Creo que todavía no estamos viendo una transformación educativa en América latina que tenga la integralidad, la profundidad y la progresividad necesaria para lograr una transformación sostenida en el tiempo. Hay piezas que se están alineando con eso, hay indicios de que hay caminos que recorrer, pero todavía nos está faltando tener una visión de conjunto del cambio que permita darle a todos esos buenos avances sostenibilidad. Lo que a uno le cuesta ver es que haya una transformación educativa que ponga todas estas piezas juntas para los próximos 15 o 20 años, que es lo que pasa en otras regiones del mundo.

¿Qué países de Europa o Asia son un modelo?

Los países nórdicos son países de referencia. En Asia: Singapur, Corea y Japón, Canadá está haciendo cosas formidables en la educación básica y media.

¿Cómo lo hacen esos países?

Hay tres o cuatro cosas fundamentales. Una es la voluntad político-técnica, la voluntad del sistema político de no pensar la educación para dos o tres años. En los países nórdicos una de las claves es que los grandes trazados de la educación no se discuten cada cinco años. Hay ajustes, pero los grandes trazados no se cuestionan. El segundo elemento es que hay un sistema educativo ordenado de acuerdo a esas prioridades, que combinan dos cosas: tienen claridad de propósito en lo que quieren y flexibilidad para que los centros educativos hagan el traje a la medida de lo que quieren, flexibilidad con orientación, no sin orientación. Si es flexible el sistema pero no está bien orientado se transforma en segmentación, en disparidad, en desigualdad. Claridad de propósito, robustez de ideas, flexibilidad en los centros, libertad con responsabilidad. Quienes están al mando de la educación son los centros educativos y los equipos de los centros. Los docentes, los equipos directivos. Y uno se pregunta cómo hacen los países nórdicos y de Asia: cuáles son las claves. La primera es la voluntad política o técnica, la voluntad de los sistemas de partidos políticos que entienda que la educación no puede ser pensada para cinco años, sino para 15 o 20 años. Malasia habla de educación 2025, hacia eso va el mundo.

El segundo aspecto es que el sistema está compactado, de manera que todo el sistema se orienta a dos cosas fundamentales: a que los docentes orienten los aprendizajes y al alumno y que los alumnos sean responsables y protagonistas de sus aprendizajes. Todo el sistema está pensado para eso: para que el docente sea el principal tomador de decisiones del sistema educativo, no hay otro. Tercer elemento: hay que empoderar a los actores locales para que lo lleven a cabo. Hay que darles capacidad para tomar decisiones, en cuanto a asignar recursos, recursos humanos, reclutamiento, evaluación. Eso funciona en sistemas que tienen la capacidad de orientar. Orientar a nivel central con capacidad de gestión a nivel local, pero en el marco de un sistema compactado y cohesivo, no en un sistema fraccionado.

Eso lleva a un cuarto aspecto: cuáles son las herramientas que tiene el sistema educativo para hacer esas cosas. En vez de tener una educación por niveles, tener una educación por grupos etarios, en vez de tener una educación secundaria técnica fraccionada, tener una educación de adolescentes y jóvenes hasta 18 años. Pensar la educación en función de las necesidades de los jóvenes y adolescentes y terminar con una división que hoy parece demasiado obsoleta. Un joven al finalizar la educación media tiene que tener una educación tecnológica y secundaria complementaria, no disyuntiva, no excluyente. En vez de tener una escuela primaria y un primer ciclo medio separados, la tendencia de hoy en el mundo es una educación que va de los 6 a los 14 años. Así se rompe el principal problema de discusión que es el tránsito entre primaria y media.

¿Cómo ve la educación en Argentina?

Argentina está buscando sostener un proceso de transformación. Hay indicios importantes: el hecho de que Ministerio de Educación de la Nación trate que los ministerios de todo el país avancen en una transformación de la de educación media me parece una buena noticia, que recoja cosas en relación a objetivos de aprendizajes más compactos. Parece que hay una intencionalidad de hacerlo. El "debe" de Argentina, como de otros países de América Latina, es cuánto podemos avanzar en una visión más integral, más sistémica de cambio. Reformar la educación media en Argentina es fundamental, pero hay dos caminos, que es hay una disyuntiva: o hacer una reforma específica de la educación media o inscribir la reforma de la educación media en una reforma del sistema educativo.

La primera opción tiene una definición que tiene que ver con cuánto puedo hacer, cuáles son los márgenes para hacer. Hay una lectura de economía política. Hay una segunda apreciación que la pondría más en debate, que es pensar que los problemas no son de la educación media: los problemas son del sistema educativo, que se condensan y se agudizan en la educación media. La tercer pregunta es si esa transformación va a implicar un cambio profundo en la manera de enseñar y aprender, que es donde está el problema central.

¿Qué hacemos para garantizar el aprendizaje?

Lo que hay que tratar de hacer es apuntalar de manera personalizada los aprendizajes de cada alumno. Eso implica entender cómo aprende el alumno, entender su potencial de aprendizaje. La educación inclusiva es entender que cada uno de nosotros es un ser singular y darnos a cada uno la posibilidad de educar y aprender. Personalizar los aprendizajes es fundamental. Otro tema central: la atención a la diversidad individual, cultural, social, de género, étnica. Negar o rechazar la diversidad es una manera de excluir a los alumnos en su oportunidad de aprendizaje.

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