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Universidades con estilo ignaciano

Publicado el 26/06/2018 en Institucional

Se llama Jorge Humberto Pelaez Piedrahita y es el actual rector de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. Nos visitó en el marco de su participación en la Conferencia Regional de Educación Superior y conversó con nosotros.

Para comenzar, manifestó su enorme alegría de estar en Córdoba en nuestra Universidad y participar en esta conferencia donde se expresaron “voces muy diferentes que muestran la complejísima diversidad y también los problemas comunes que compartimos todas las universidades.” 

— Respecto a educación superior en América Latina ¿Qué nos une y qué nos distancia?

— Para empezar, hay que superar ese discurso que divide el mundo de las universidades de gestión pública de las privadas. Tenemos un mismo reto de formar ciudadanos que construyan institucionalidad, país, y continente.

A la línea divisoria debe marcarla la calidad y el compromiso con la formación de ciudadanía.

Yo creo profundamente en los procesos de aseguramiento de la calidad y pienso que esta tiene que ser una apuesta para públicos y privados.

En nuestra región vemos serias amenazas a la democracia entre otras cosas debido a las profundas inequidades sociales. En este sentido, tanto las universidades públicas como las privadas tenemos que hacer un esfuerzo por reforzar la inclusión y por generar una mentalidad nueva que nos permita formar personas con unas competencias para impulsar el desarrollo de nuestros países.

Los temas económicos, la política y la democracia están profundamente unidos y el problema de la corrupción es un cáncer que corroe todas las estructuras de nuestros países.

Creo que hay que empezar por erradicar la cultura del plagio de la trampa, del fraude… son muchas cosas que van creando un microclima favorable a estas conductas que terminan por deteriorar todo el tejido social. Por lo tanto debemos ser implacables en términos de la calidad, los valores éticos y la reglas de juego que deben imperar en la sociedad.

— ¿Cómo se imprime el estilo Ignaciano en nuestras universidades?

— Las funciones sustantivas de las universidades son las mismas desde la edad media:

todas hacemos enseñanza, investigación y tenemos interacción con la comunidad. Lo importante es que cada universidad de acuerdo con su misión y vocación originaria tenga en claro como, para qué y con quiénes lo hace. De lo contrario todas las casas de altos estudios estaríamos haciendo lo mismo.

Las universidades jesuitas tenemos cuatro elementos que nos dan un potencial fantástico. Uno es la utilitas, palabra latina que significa lo práctico y se refiere a los conocimientos, destrezas y competencias que debe adquirir un profesional. Este es un punto fundamental aunque no es diferenciador. Sí lo es un segundo elemento es el humanismo, ya que tenemos una visión particular del ser humano, de sus derechos, de la misión que tenemos que realizar sobre la tierra, de la ética y la sensibilidad. Ese sentido de humanidad viene acompañando la historia de las universidades de la Compañía de Jesús durante siglos.

Un tercer elemento es la incorporación de un profundo sentido de la justicia social: tenemos que formar a nuestros chicos y chicas para que puedan desarrollar su profesión pensando en la suerte de los más vulnerables. En este punto, incorporamos los temas de medioambiente, equidad, género…

Un cuarto elemento es la espiritualidad: nuestras universidades están abiertas a personas de todas las ideologías, tendencias, y confesiones; pero queremos que cada persona pueda realizar une crecimiento interior de búsqueda del sentido de la vida y de encontrar las respuestas a los grandes interrogantes de la humanidad.

– ¿Cómo se logra coherencia entre el discurso y la práctica?

– Una de las formas de evitar el  discurso esquizofrénico entre lo que se dice y lo que se hace es empezar por casa con políticas muy claras respecto a la relación laboral con nuestros profesores y empleados, las condiciones de trabajo y el reglamento laboral. Lo mismo podemos decir respecto a las relaciones con los estudiantes que deben estar marcadas por la justicia.

Con nuestros actos estamos dictando cátedra de justicia o injusticia. La forma como nos dirigimos a los demás, como saludamos, como reconocemos los trabajos, como llamamos la atención a una persona. Todo el tiempo estamos emitiendo un mensaje.

Podemos tener un discurso muy avanzado en temas de justicia social, pero si en la forma de evaluar a los estudiantes, empleados y profesores somos arbitrarios, estamos borrando con el codo los que escribimos con la mano. Entonces busquemos la coherencia sabiendo que esa búsqueda es una lucha continua.


La Pontificia Universidad Javeriana tiene dos capítulos en su historia. El primero desde que fuera fundada en 1623 hasta 1767 cuando Carlos II expulsó a los jesuitas de sus dominios y el segundo a partir de 1930.

Tiene dos sedes: la principal, en Bogotá, y otra seccional en Cali. La primera tiene 18 facultades, 213 programas académicos, 39 carreras y 158 posgrado, además de 62 departamentos y 14 institutos. La sede de Cali cuenta con 25 programas y con sedes de la Bolsa de Valores de Colombia y de la Fox School of Business de la Universidad del Temple.

En la actualidad, cuenta con 18.725 estudiantes de pregrado, 4.389 estudiantes de posgrado, 3.458 profesores de planta y más de 1.500 empleados administrativos.

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