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La Universidad nuevo Areópago | Reflexiones del Rector

Publicado el 16/02/2012 en Institucional

UCC

Al comenzar el año, les quiero proponer como tema de reflexión espiritual el discurso de Pablo en el Areópago.

Pablo, de pie, en medio del Areópago, dijo: “Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: ‘Al dios desconocido’. Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer. El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: ‘Nosotros somos también de su raza’. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos”. Al oír las palabras “resurrección de los muertos”, unos se burlaban y otros decían: “Otro día te oiremos hablar sobre esto”. Así fue como Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.

(Hch 17, 22 – 34)

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Algunas reflexiones

Este discurso de Pablo es el primer intento de predicación ilustrada de la Buena Noticia Cristiana. En el lugar de las ideas (el Areópago), donde se daban los debates entre los intelectuales a las que asistía el pueblo, allí Pablo hace este discurso en el que toma a filósofos y poetas griegos y los usa en su argumentación para anunciar al “Dios desconocido” en medio de un panteón de dioses de todo tipo.

El discurso da para mucho; a la luz del mismo sólo ofrezco algunas reflexiones que me parecen significativas

El mundo universitario sería comparable al Areópago

Es el mundo del conocimiento, de la búsqueda del saber, donde se da el cruce de discusiones, métodos, disciplinas diversas… aquí –en la universidad- se da la pluralidad de saberes y de ideas; también la pluralidad de dioses. Quiero decir que hay pluralidad de creencias y hasta de increencias. Así como hay pluralidad de confesiones religiosas también hay quienes no se plantean el tema de Dios; hay quienes no se sienten llamados a creer, o personas que honestamente no entienden o no pueden aceptar la idea de un Dios personal amoroso, hay también quienes han decidido que Dios no existe, y quienes han declarado la muerte de Dios pero no saben cómo deshacerse de su cadáver y entonces están todo el tiempo atacándolo tratando de dejar en claro que está muerto. Las creencias y las increencias son de múltiple catadura.

Pablo sugiere que en el fondo del corazón hay una búsqueda de algo más –que llamamos Dios- esa búsqueda, esa sed, habita en todos los corazones. Todos la sentimos. Es la que nos impulsa a amar, a querer perdurar de algún modo, nos mueve a hacer cosas grandes, a actos de generosidad, de nobleza... Esa sed, a veces, se objetiva en una representación religiosa (Dios) y otras permanece allí innominada, pero real.

Hay un Dios que permanece aún desconocido, también, porque no pocas veces los mismos creyentes hemos desfigurado su rostro. Muchos hoy no creen en la imagen deformada que las religiones hemos mostrado a lo largo de siglos. Las realizaciones institucionales de ese Dios son pobres, contradictorias y distorsivas; lo cual habla de los límites institucionales más que de Dios mismo.

En este contexto -el Areópago universitario- intentamos anunciar al Dios desconocido. Más allá de la pluralidad y el respeto incondicional a todas las personas y sus creencias no es posible negar nuestra identidad cristiana. Es más, para ser de verdad plurales debemos afirmarla. Debemos afirmar nuestra fe en Jesús de Nazareth, hombre y Dios, que anunció la llegada del reino de Dios, un reino de justicia y fraternidad y que por ese anuncio entregó su vida y fue rescatado por el Padre de la muerte, como testimonio de que el Amor vence a la muerte. A Él anunciamos.

Lo hacemos implícita y explícitamente

Lo hacemos –tácitamente- siendo fieles a nuestras conciencias para formar gente fiel a sus conciencias; lo hacemos buscando la verdad, sabiendo que no somos su poseedores, sino sus servidores; lo hacemos cuando trabajamos para que el conocimiento de verdad haga libres a los que lo poseen para que trabajen por la liberación de tantos hermanos y hermanas que sufren la discriminación, la marginación y el irrespeto de sus derechos humanos básicos.

También anunciamos a Jesús explícitamente en la Universidad. Lo hacemos como ofrenda y no como imposición, como anuncio y no como propaganda, lo hacemos con respeto porque sabemos que Él habita los corazones de todos y que “en Él vivimos, nos movemos y existimos”.

Concluyendo

De todos modos, es parte esencial de nuestra misión anunciar a ese Dios desconocido. Explícitamente en las actividades más directamente religiosas; e implícitamente en la honestidad con que buscamos el conocimiento y en la generosidad con que lo transmitimos; en la dedicación que ponemos en la formación de los estudiantes, en la preocupación por transformar la sociedad desde la Universidad, en el compromiso con los sectores más desfavorecidos.

Una cosa más

El final del discurso de Pablo es bastante descorazonador. Dice que todo iba bien hasta que al oír hablar de resurrección de los muertos “unos se burlaban y otros decían: de eso te escucharemos en otro momento”… “Sin embargo algunos pocos abrazaron la fe”. Al respecto de esta reacción de los “areopagitas”, Miguel de Unamuno dice –refiriéndose a la fe en la resurrección de los muertos- “Hasta aquí llega la paciencia de los intelectuales”. El mensaje que intentamos transmitir como Universidad (y no me refiero ahora únicamente al mensaje explícitamente creyente) también sufre la misma suerte. Los que de verdad comprenden y creen (que el título universitario no es sólo para uno, sino también para transformar la sociedad en un lugar más justo) no son demasiados. Pero hay quienes de verdad lo comprenden, lo desean y se comprometen.

A casi dos mil años de aquel anuncio, los tiempos y las condiciones han cambiado, pero el espíritu es el mismo. En el Areópago del mundo universitario, la UCC sigue intentando anunciar al Dios desconocido.


P. Lic. Rafael Velasco, sj
Rector

 

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