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Semana internacional del ambiente

Publicado el 07/06/2016 en Actualidad

"Mujeres y hombres formamos parte de la naturaleza, vientre y refugio de la vida. En la semana internacional del ambiente, reflexionemos con profunda sinceridad sobre las obligaciones éticas y prácticas de consumo, en la inteligencia de revisar que no es posible la 'apropiación' de la naturaleza en las condiciones que impone el mercado. El presente y futuro de la paz colectiva, se encuentran en un temible jaque extintivo. Consecuencia de ineficaces políticas de gestión ambiental, se agotan irreversiblemente los recursos naturales, que alimentan la vida, y esto, provocará la hostilidad entre los hijos de la tierra".

Una vez finalizados los conflictos bélicos de la segunda guerra mundial, en los organismos internacionales recién establecidos para aquella época, la Organización de las Naciones Unidas, inició un diálogo para evitar la presencia de conflictos bélicos. La experiencia del desarrollo de dos fatídicas guerras, con importantes impactos socioambientales, fue argumento determinante para instaurar un escenario de paz, libertad y democracia, en un contexto de integración mundial, con el objetivo de incentivar la convivencia en óptimas condiciones ambientales.

La dimensión de la intervención antrópica e indiscriminada en la naturaleza, fue tan irracional que, rápidamente, se constituyó en referencia cotidiana de los medios de comunicación social y se erigió en objeto de estudio en los ámbitos académicos. Vale enfatizar la situación abordada por el informe elaborado por Meadows (1972) y publicado por el Club de Roma, titulado "Los límites del crecimiento", en el que se hizo un análisis sobre la complicada situación global, derivada de la escasez de alimentos, elevadas tasas de natalidad y el deterioro ambiental.

Hacia junio 1972, se realizó la primera Conferencia Mundial sobre el Medio Humano en Estocolmo, en la que se aprobó una programática Declaración de Principios, marcando un punto de inflexión en la política internacional del medio ambiente. Con una amplia participación, es ampliamente reconocida, como el comienzo de la conciencia política y pública de los flagelos ambientales. Esta Conferencia alertó sobre el  impacto que el ser humano estaba causando al planeta, y por consiguiente, la urgente necesidad de reorientar un estilo de vida más armonioso con nuestro entorno.

Tras la Primera Conferencia de las Naciones Unidas surgieron otras. En 1992, se celebró en Río de Janeiro, la segunda Conferencia, cuyo impacto en la Constitución Argentina, quedó plasmado en el Art. 41, el cual prescribe, el derecho a vivir en un ambiente sano y equilibrado sin comprometer a las generaciones futuras. Esta Conferencia, también trascendió, por el desarrollo de la Agenda 21, que instituye protocolos y estrategias integrales de sostenibilidad, teniendo en cuenta todos los agentes sociales.

La tercera Cumbre Mundial, se celebró en Johannesburgo (2002), caracterizándose por el énfasis en la erradicación de la pobreza, pérdida de la biodiversidad, globalización y un mayor compromiso con el desarrollo sostenible.

La cuarta Cumbre, tuvo lugar nuevamente en Río de Janeiro (2012), con un acuerdo de estándares “mínimos”, y considerado por diversas ONG's como un rotundo fracaso. Se repitieron las temáticas de cumbres anteriores, pero faltaron acuerdos concretos que condujesen a medidas precisas y efectivas para la solución de los graves problemas medioambientales.

Entre los diversos tópicos de discusión, se pueden señalar las complejas situaciones originadas por el aumento de las áreas desérticas, la merma de la potencialidad de los suelos, las inundaciones inclementes, la dependencia agrícola a los ritmos naturales del clima, entre otros, ya denunciaban la existencia de fenómenos asociados al deterioro ambiental. Alertan indicadores de la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, hacia el 2012, alrededor de siete millones de personas, murieron a causa de la exposición a la contaminación de la atmósfera.

En lo referente al cambio climático, la temperatura media de la superficie del globo terráqueo, llegó a 0,45 grados Celsius (2012). Cifra que se mantiene en aumento, debido al pronunciamiento de concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero.

En efecto, en diciembre de 2015, tuvo lugar la Cumbre Internacional sobre Cambio Climático, logrando por primera vez, un acuerdo sobre los métodos para reducir el cambio climático, que fue aprobado por aclamación de casi todos las naciones. Se convertirá en jurídicamente vinculante, si por lo menos, 55 países que representen el 55% por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero se adhieren a ello, a través de la firma, seguida de su ratificación, aceptación, aprobación o adhesión. El acuerdo será aplicado a partir de 2020.

La expectativa es disminuir el calentamiento global, por debajo de dos grados centígrados en 2100, en comparación con anterioridad a la era industrial. Esta meta, fue superada por el proyecto definitivo formalmente aceptado en el  Acuerdo de París, que pretende proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de temperatura a 1,5 grados centígrados. Un objetivo ambicioso requeriría un nivel cero de emisiones de veces entre 2030 y 2050.

Por otra parte, a los desequilibrios ambientales mencionados, se enlazan las externalidades urbanas, sobre la escasez de vivienda, desapego por la gestión de residuos sólidos, ruidos molestos, ausencia de cloacas, sobreprecios en alimentos, transporte (CO), ineficacia de los ordenamientos territoriales y normas ambientales, escasa participación ciudadana, etc. Se observa, que el deterioro de las condiciones ambientales, son aspectos comunes en los diversos lugares del planeta, tanto en los espacios rurales como en los citadinos.

Urge trabajar sobre un nuevo paradigma, que privilegie la capacidad para producir y aplicar conocimientos como un factor clave para mejorar la calidad de  la vida y el nivel de bienestar de una sociedad, anclando sobre una fuerte estructura ética. Así como lo expresa, la Encíclica Laudato Si, la solución viene por el abordaje de una mirada integral, ya que el problema medioambiental, afecta a todos.

Así, la tutela efectiva del ambiente ha comenzado a "proyectarse" como una preferencia en la construcción de la ciudadanía del siglo XXI, que se corresponde con la exigencia de gestión social responsable de las instituciones. En particular, la Universidad es quien deberá generar renovados procesos de enseñanza y aprendizaje, para asumir estos problemas, como objeto de conocimiento y compromiso ético-moral.

En las condiciones del mundo actual, donde  los medios de comunicación divulgan información ambiental que puede incentivar el apasionamiento y entusiasmo de los educandos por estos temas, es de urgencia superar la condición de "espectador" de los problemas ambientales e incentivar el estudio reflexivo y crítico de las externalidades ambientales. Esto es posible, con la fomento de investigación que, categóricamente, obligue a abordar los conflictos ambientales del entorno más cercano.

Debemos virar epistemológicamente, precisamente para mejorar la transmisión de contenidos programáticos y la elaboración del conocimiento ambiental. Se trata entonces, de estimular buenas prácticas ambientales, donde se integre el plano teórico-práctico, implicando la formación de una  ética ambiental.

En integridad a esa acción, debe ser incorporada al conocimiento científico los diagnósticos que la comunidad realiza de sus problemas ambientales. Allí, debe ser prioritaria la formulación de interrogantes, como base para la búsqueda de información. La idea es transferir, otras razones donde se armonice la teoría con la experiencia, y propiciar escenarios para que se reestructure un nuevo conocimiento.

Es relevante advertir, que será el inaplazable un cambio de comportamiento y estilos de vida como eje cardinal del futuro inmediato.

Finalmente, las condiciones del mundo y la compleja realidad del menoscabo ambiental, demandan una transformación educativa que optimice sustancialmente la posibilidad de formar una matriz crítica y la elaboración de proyectos intervencionistas que reviertan o mitiguen los impactos ambientales. El nivel de complejidad del quebranto ambiental,  requiere de una labor pedagógica, más preocupada por la integración del binomio -Universidad-Sociedad-, orientada hacia la formación integral del ciudadano culto, comprometido y crítico.

La ciencia y la Universidad, tienen las herramientas para generar acciones didácticas que promuevan la elaboración de opciones de un cambio ambiental, donde la vida humana se armonice con su entorno natural. 

Por Pablo Sánchez Latorre, Profesor Titular de Historia del Derecho Argentino en la UCC y la UNC, Profesor Adjunto de Derecho Político e Introducción a la Filosofía de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional de Chilecito, Coordinador de la Carrera de Especialización en Derecho Laboral de la UCC y la UNC, y abogado litigante en defensas ambientales. Galardonado en el certamen 10 Jóvenes sobresalientes de Argentina 2015 y en los Premios Junior Chamber International (JCI) Ten Outstanding Young Persons (TOYP) de la Cámara Argentina de Comercio en la categoría: “Liderazgo moral o ambiental”, 2015.

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