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Santo cordobés, modelo para todos

Publicado el 03/02/2016 en Actualidad

Por
Claudio Gelmi, Vicerrector de Medio Universitario de la UCC

El 22 de enero se promulgó el decreto por el que la Iglesia reconoce el milagro atribuido a la intercesión de José Gabriel del Rosario Brochero, por lo que solo resta esperar que el Papa informe la fecha y el lugar de su canonización, que lo convertirá así en el primer santo que nació y vivió en nuestro país.

Años atrás conversando con el jesuita venezolano Pedro Trigo, en una reunión de teólogos, me confesaba su profunda admiración hacia el cura Brochero y me invitaba a leer sus cartas porque, decía, permitían trazar el perfil de este personaje modélico.

Si bien son cartas que se relacionan con las numerosas gestiones que realizaba en favor de su querida Traslasierra cordobesa, nos pintan algunas características personales que nos pueden servir para trazar un boceto de su personalidad.

Por ello, y a partir de esta lectura, quizás podemos animarnos a trazar una breve lista de características que sería bueno que todo argentino adquiriera:

  1. Tenía un profundo sentido de la realidad, acompañado de un irrefrenable deseo transformador de ella. Para él una parte fundamental de su misión era procurar que la gente tenga más vida, y para lograrlo sentía que debía propiciar más elementos para llevarla adelante (caminos, acequias, ferrocarriles, educación, iglesias que congreguen y unan a una población tan dispersa).
  2. Es en esa misma realidad donde se encuentra con los demás, donde sabe leer las angustias y alegrías, las necesidades y fortalezas, que le permite granjearse la adhesión entusiasta de la gente de su curato. El cura Brochero los entusiasma porque se compromete con las acciones que son necesarias para el beneficio de todos, especialmente de aquellos más olvidados.
  3. No se mueve jamás a nivel de amores y de odios ni al del propio interés o gusto, o deseo de complacencia o prestigio. Busca siempre decidir por razones lo más objetivas posibles y que tiendan a lograr el cambio que su comunidad necesita.
  4. Sabe reconocer sus yerros con humildad y con gran capacidad de autocrítica. No se amilana ante la necesidad de pedir disculpas o reconocer sus fallos, antes bien, busca enmendarlos.
  5. Como sacerdote, su incansable actuar en favor de la gente que necesitaba consuelo, compañía, solidaridad, justicia, yendo siempre en busca de los que no estaban cerca, o que habían sido excluidos (la historia de Santos Guayama quizás sea la más emblemática).
  6. Adquiere una profunda capacidad de empatía, intentando siempre adecuar su lenguaje al de su interlocutor, de manera de llegar al corazón de aquellos a quienes deseaba servir. No busca deslumbrar con sus palabras, sino hacerse entender por quien le escucha y poder entender él a quien tiene delante.
  7. Su profunda fe en que “todos somos de Dios”, que nada ni nadie podrá separarnos de su amor providente; por ello se fía de ese Dios en las buenas y en las malas, ni la ceguera ni la lepra lograrán hacer mella en esa confianza absoluta.
  8. Sabe ser agradecido con quienes trabajan con él en sus múltiples emprendimientos, con quienes buscan traerle compañía y consuelo en sus años de enfermedad y pobreza.
  9. Hace del amor y de la misericordia la esencia de su vida cristiana. “Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote, si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego”.

Estos son algunos de los rasgos por los que el cura gaucho ha sido reconocido como modelo de vida evangélica, como un modo de ser “rostros misericordiosos” para los demás como nos invita el Papa en este año jubilar.

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