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10/09/2017 - Columna de opinión
La Voz del Interior | Opinión

Inmortalidad, broncemia y el legado de Sarmiento


Estuvo tan ocupado imaginando el futuro de grandeza para nuestro país que se olvidó de sí mismo. Vale la pena recordarlo. Por Daniel Gattás*


En la antigua Roma, el triunfo en alguna batalla era el puntapié inicial para desencadenar una espectacular ceremonia de gloria.

Los generales que habían conducido a los ejércitos victoriosos en alguna campaña en tierras extranjeras gozaban entonces de su día de gloria.

Mientras su ejército quedaba a la espera de los acontecimientos en el terreno conocido como Campo de Marte, sin poder traspasar las murallas Servianas (barrera defensiva construida alrededor de la ciudad de Roma a principios del siglo IV antes de Cristo, y cuyo nombre hacía honor al rey Servio Tulio), los héroes eran agasajados y vitoreados en todo el recorrido.

Lo más curioso es que iban acompañados por un esclavo que, sosteniendo los laureles de la victoria sobre la cabeza del triunfador, les recordaba la fórmula latina “Respice post te, hominem te esse memento”, es decir “mira atrás y recuerda que sólo eres un hombre”. Lo que servía para recordarles la inexorabilidad de la muerte.

Para decirlo de otra manera, lo hacían reflexionar que al ser humano le está privada la inmortalidad física.

Exceso de bronce

No podía olvidar esta práctica romana cuando Francisco Occhiuzzi, médico egresado de la Universidad Nacional de Córdoba, comenta a través de un video muy visitado en la web algunas características de una endemia moderna y muy común en nuestro país, llamada “broncemia”.

Su característica es la gran cantidad de bronce que creen tener en sangre los personajes que la padecen, y por ello imaginan que su figura será recordada de forma grandiosa por sus acciones casi épicas; incluso algunos sentirán que merecen una imponente estatua, similar a la ecuestre del general San Martín, que preside todas nuestras plazas principales.

Según Occhiuzzi, la broncemia tiene dos etapas: la primera es la “importantitis”, que hace que quienes la padecen se sientan el centro del universo; la segunda es la “inmortalitis”, es decir, piensan que serán eternos. En las mujeres es menos frecuente, pero cuando se presenta es incurable y se expande en toda su magnitud.

Con sólo observar nuestra realidad política, podemos apreciar a simple vista a hombres y mujeres que sufren esta enfermedad, que se sienten propietarios de la verdad absoluta y que aborrecen a aquel que piensa diferente.

Eso provoca un clima de violencia verbal que pone en riesgo el delicado equilibrio emocional de los argentinos y agiganta la grieta.

Todo ello a pesar de nuestra historia, que es un muestrario infinito de fracasos producidos por la imposición de políticas basadas en la iluminación casi mística, y siempre al amparo de un conjunto de adláteres beneficiados por cargos y beneficios, que llenan salones y aplauden a rabiar sin ton ni son.

Lo que envalentona aún más al orador, que se siente un cruzado que va a liberar el Santo Sepulcro de las garras del malvado sultán Saladino.

A estas personas les cuesta comprender que son mortales y que la eternidad está reservada sólo a aquellos que han dejado un legado de esfuerzo, honestidad y grandeza.

Un grande de verdad

Cómo no recordar en este día a Domingo Faustino Sarmiento, alguien que no buscó el bronce, un maestro, una mente brillante, un gran escritor, un hombre que tenía conciencia de su finitud.

El primer censo en el país se desarrolló en su presidencia en 1869, sólo seis meses después de haber asumido. Su asistente personal se presentó de manera presurosa y le dijo: “Permiso, señor presidente: aquí tiene los datos del censo”.

Sarmiento los leyó con atención; la población alcanzaba 1.830.000 habitantes, de los cuales el 87 eran analfabetos.

De inmediato, llamó a su secretario y le ordenó convocar a una reunión de gabinete, donde expresó: “Señores ministros, ante los primeros datos del censo voy a proclamar mi primera política de Estado por un siglo: escuelas, escuelas, escuelas”.

Obras, no palabras

Entre sus muchas obras, durante su gestión, se construyeron 1.117 escuelas (una cada dos días, contando sábados y domingos). Además, entre otras cosas, se crearon la Escuela Naval y el Colegio Militar, se adquirieron rieles de ferrocarril cuya longitud sumaba más que todos los rieles de América; también se construyó del telégrafo a Chile, la fundación del Banco Nacional, la creación del Boletín Oficial, del Registro Nacional del Departamento de Agricultura, del Asilo de Inmigrantes, de la Oficina Meteorológica Nacional en Córdoba, de la Oficina de Estadística y del Museo de Ciencias Naturales en Buenos Aires.

Tres apostillas que marcaron su personalidad y su visión:

1) En la Universidad Nacional de Córdoba, cuando inauguraban la Academia Nacional de Ciencias, el presidente en ejercicio, Nicolás Avellaneda, invitó al sanjuanino a hablar. Sarmiento sufría una avanzada sordera que lo incomodaba, a pesar de lo cual se dirigió a los presentes y lo primero que dijo fue: “Señores, veo en este salón de grado repleto que no hay una sola mujer que nos acompañe; yo les auguro que dentro de un siglo Argentina en sus universidades va a tener más mujeres que hombres”.

2) Cuando dejó la presidencia en 1874, tomó conciencia de que no tenía casa propia: se fue a vivir con su hija Faustina, mientras pensaba cómo resolver su situación; el problema era que no disponía de medios para comprar una vivienda. La evidencia es que al momento de su fallecimiento estaba viviendo en Asunción, Paraguay.

3) Cuando lo enterraron en Recoleta, el 21 de septiembre de 1888, al despedir sus restos, “el Gringo” Carlos Pellegrini afirmó: “Se va el cerebro más poderoso que haya producido la América”.

En definitiva, un hombre, un estadista, que estuvo tan ocupado imaginando un futuro de grandeza para nuestro país que se olvidó de sí mismo. Vale la pena recordarlo.

*Docente de la UNC y de la UCC.


Tipo de nota: Columna de opinión
Medio:
La Voz del Interior
Sección/Suplemento: Opinión |
Extraida de:: Ver web

Autor / Redactor: Daniel Gattás
Fecha de publicación: 10/09/2017
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