Publicado el 19-04-2026 en La Voz del Interior

Con 15 años sin crecimiento, la clave para Argentina no es repartir, sino agrandar la torta de la actividad

¿Cuán ricos seríamos si todos ganáramos lo mismo? ¿Alcanza con distribuir y hace falta que la Argentina retome la senda de crecimiento? Los peligros tanto del proteccionismo como de la falta de una apertura inteligente.

Por Gustavo Scarpetta (*)

El economista Ricardo Arriazu tiene la capacidad de poner temas en la agenda, habló de "ampliar la torta" y de que, si distribuimos toda nuestra riqueza equitativamente, no seriamos ricos. Para mejorar nuestra situación debemos de ampliar la torta.

Arriazu hace un ejercicio sobre cuán ricos seríamos si todos ganáramos lo mismo: tendríamos una riqueza mensual de $ 2 millones. Mis cálculos dan algo menos: casi $ 1,5 millones. “Todos seríamos pobres" dice el economista. Entonces, la clave es agrandar la torta.

Argentina, a diferencia del mundo y de los países vecinos, no crece desde hace 15 años, convive con inflación –30% anual es un porcentaje altísimo a nivel global– y ha perdido hace tiempo la brújula de crecimiento y de las reglas económicas básicas.

Según un trabajo del Banco Mundial, no hay país que pueda crecer con inflación más alta del 20% anual. Argentina es una prueba. Desde 2007 que no tenemos un registro de ese nivel.

Claudio Zuchovicki –otro economista muy viral– dice que hay una generación de argentinos que se creyó la frase de que "se ahorra consumiendo”, al gastar antes que los billetes pierdan valor por la inflación. Hablar de competitividad, exportación y márgenes normales te hace parecer un extraterrestre.

Los empresarios como los dueños de Neumen y Dietrich destacan que nunca ganaron tanto como en una economía cerrada y poco competitiva. Hay muchos empresarios deseosos de volver al modelo anterior.

Arranque desde abajo

Algo clave es aclarar el punto de partida. El país pierde demasiado tiempo en discutir de quién fue la culpa, como si eso mejorara nuestro futuro.

¿Qué somos? Una economía que hace 15 años no crece, que estuvo y está en el Top-10 con más inflación. Hoy está sexta, detrás de países como Venezuela o Sudán del Sur (recuerden este nombre). Es una de las economías más cerradas del mundo, la cuarta según el último ranking oficial.

Argentina castiga a los rubros competitivos con retenciones y defiende a los no competitivos con altos aranceles. Es uno de los poquísimos países que le ponen impuestos a las exportaciones. Ha defaulteado nueve veces y, algunos de ellos, con celebración en el Congreso.

Según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025, de la organización Transparencia Internacional, Argentina está en el puesto 104 de 188 países, con menos de la mitad del puntaje de Uruguay y Chile. Exporta poco, cada año pierde participación en el comercio mundial y recibe menos inversiones que Brasil, Colombia y Chile.

Nuestro pasado nos condena

Además, el país interrumpió el orden constitucional múltiples veces y movió el péndulo de izquierda a derecha con cada política. No sólo no crece, sino que gira en círculo, y en un círculo vicioso.

El actual Gobierno agregó algunos puntos extra: su principal objetivo es bajar la inflación, que es condición necesaria, pero no suficiente. El superávit fiscal es el norte. Pero el principal objetivo económico es el crecimiento y, actualmente, que la gente llegue a fin de mes.

Hace nueve meses que la recaudación cae en términos reales. La inflación no baja y la economía no resurge. Sin consumo, el IVA –la principal fuente de recaudación– va a seguir cayendo. Ya le pasó al Domingo Cavallo, en su etapa de ministro de Fernando de la Rúa; buscando el “déficit cero”, se corre el arco, porque se exprime la baja del gasto y la recaudación cae aún más.

Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe de abril de 2025, de 83 países analizados, 72 tenían déficit fiscal y 11 tenían superávit. Entre estos 11 está Argentina, con Barbados, Chipre, Georgia, Granada, Hong Kong, Mauricio, Portugal, Surinam, Suiza y Santo Tomé y Príncipe.

Del otro lado están Estados Unidos, Canadá, Italia, España, Australia y todos los países vecinos. También hay que destacar que el déficit es de entre 1% y 2% en la mayoría de los casos, financiable y entre ellos no hay países con nueve defaults celebrados.

Nuestro pasado nos condena. En los '90, nos convencieron de que los ferrocarriles eran malos. Ahora, que el déficit fiscal es mala palabra, ¿Australia, Canadá, España están equivocados entonces? El problema es que Argentina es un alcohólico en recuperación y no puede tener bebidas alcohólicas en casa, pero en países normales un pequeño déficit es sostenible, financiable y lógico.

¿Cómo ampliamos la torta?

Hace 15 años que convivimos con la misma torta. Nadie quiere invertir en un proyecto que no tendrá retorno por los cambios pendulares constantes del marco económico. De allí la importancia del actual Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (Rigi) o de la Ley de Inversiones Mineras del pasado. Si no la inversión cae a niveles absurdos para una economía del tamaño de la Argentina.

La clave es producir más de lo mismo, darle valor agregado, buscar más mercados para exportar. Para producir más tengo que tener incentivos y certidumbre para invertir. Para dar más valor agregado tengo que tener información de qué está demandando el mercado y para exportar debo ver qué necesita el mundo.

Hablando de tortas, nuestra porción de la torta mundial viene en descenso desde hace 25 años porque la participación de Argentina en el contexto global.

Hace años que producimos 50 millones de toneladas de soja. No la aumentamos por varios motivos, uno son las retenciones, que pisan la rentabilidad.

Del proteccionismo a la apertura inteligente

Aunque sea una cárcel, Argentina ama el proteccionismo, porque es un lugar que asegura techo y un plato de comida. El mismo plato de comida cada día, hay que esforzarte para que llegue el plato a la mesa. Pero nadie quiere estar en esta economía; la gente emigra y las inversiones no llegan.

África es la región más proteccionista y la más pobre del mundo. Si el proteccionismo fuera motivador del desarrollo, ese continente debería ser Asia, pero las cosas son al revés. Asia, y no solamente China, sino Corea, Vietnam, Japón, Singapur, son abiertos y ricos.

Asia era el 15% del comercio mundial en 1950 y África el 12%. Hoy el continente asiático representa el 38% y el africano el 3%. La gente de África emigra a Europa, Asia o Estados Unidos, y no al revés.

Hay que ir a una apertura inteligente. ¿Es correcto lo que hizo el Gobierno? No, porque es una apertura acelerada y sin plan. Lo que en otros países (Corea, Chile, etcétera) llevó 10 años, acá se intenta hacer en dos. Y sin nivelación de la cancha.

Cae el empleo y cierran fábricas. Sólo una parte de esas pérdidas sería evitable, porque algunas industrias son ineficientes, pero tendrán más oportunidades de adaptación a lo nuevo.

El valor agregado

Cuando se habla de valor agregado es bueno ejemplificar. Nuestro principal mercado del girasol es Turquía y este país es el tercer mayor exportador mundial de aceite de girasol, detrás de Ucrania y Rusia.

Les vende a sus vecinos y aliados pero también a China y Estados Unidos, donde nosotros también podríamos exportar. Producimos aceite de girasol, aunque podríamos hacer mucho más. Eso son más dólares y más empleo. ¿Qué falta? Certidumbre, marco claro y tasas bajas.

Alemania es el cuarto exportador mundial de yerba mate. Compra yerba argentina y de Paraguay a granel, la empaca, y la vende a toda Europa y Asia. La compra a cinco y la vende a 20.

Producir cerdo es darle valor al maíz. El maíz se tiene que ir congelado dentro de la carne de cerdos o de embutidos que vendamos al mundo. Córdoba es el mayor productor nacional de maíz. Tres ejemplos centrales de cómo darle más valor a la importante “vaca viva”.

Argentina tiene el desafío y la obligación de aumentar la torta y que esta alcance para todos, para que la gente llegue a fin de mes y los jubilados tengan una vida digna.

Sin inversión, sin reglas estables y sin integración al mundo, cualquier debate distributivo es apenas una ilusión. La verdadera justicia social no surge de dividir escasez, sino de generar abundancia. Y eso exige decisiones consistentes, previsibilidad y una economía que deje de girar en círculo para, de una vez por todas, empezar a avanzar.

*Magister y docente UNC y UCC

Medio Publicado: La Voz del Interior

Temática: UCC

Autor/Redactor: Gustavo Scarpetta

Fecha de Publicación: 19-04-2026