Publicado el 10-10-2026 en La Voz del Interior
Las “rerum novarum” de León XIV
Es mucho lo que se quita cuando se resta dignidad al trabajo, cuando se precariza, cuando se explota. El mercado, con su mano invisible, no sabe de angustias, no sabe de tiempo de hombre. Sólo calcula rentabilidades.
Por Rafael Velasco (*)
En el recorrido por el infierno de los avaros –en la novela Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal– Adán Buenosayres y Schulze se encuentran con el empresario explotador, que en su fábrica en ruinas purga sus culpas por haber explotado al foguista y al aserrador.
En un momento del diálogo, les dice sobre aquellos a quienes perjudicó: “Lo que más me angustia es haberles robado su tiempo de hombres. Al afirmar que les robé su tiempo de hombres, digo su tiempo de cantar, de reír, de contemplar y de saber. ¡Y aquí viene la gran diablura teológica! Porque, al robarles todo eso, les he robado quizá el instante único, la sola oportunidad a que tiene derecho hasta el hombre más ruin: la oportunidad de mirar sin sobresaltos una flor o un cielo; la de oír sin angustia la risa de sus chicos y el canto de sus mujeres; la de hallar, entonces, que la vida es dura pero hermosa, que por un Dios les fue dada, y que ese Dios es bueno”.
Profunda verdad. Se quita mucho más que dinero y posibilidades económicas con esta precarización laboral que asedia. ¿Cómo se valoran monetariamente las angustias de quienes tienen que sostener una familia y ven densos nubarrones sobre el futuro de sus hijos? ¿Quién habla de la angustia de quien se endeuda para que coman sus hijos y no divisa cómo va a pagar esas deudas? Porque lo cruel se mide por la angustia que causa en los corazones y por lo que se hace para mitigar esas angustias. La crueldad de este sistema avaro hace que se acepten condiciones inaceptables para sobrevivir, para que coman los hijos, para poder pagar las cuentas que cada vez son más obscenamente elevadas.
La dignidad del trabajo
Es mucho lo que se quita cuando se quita dignidad al trabajo, cuando se precariza, cuando se explota. El mercado, con su mano invisible, no sabe de angustias, no sabe de tiempo de hombres. Sólo calcula rentabilidades.
Impresiona mucho que se deba decir esto que es obvio: está mal ajustar por la parte más frágil, el trabajador. Somos seres humanos. Se dice en estos tiempos que “la macroeconomía va bien, pero que eso aún no llega a la microeconomía”. En realidad, la traducción de esa frase es: a quienes tienen plata les va muy bien, pero a quienes no tienen más plata que la de su trabajo les va mal. León XIII ya habló de esto en la encíclica Rerum novarum (en 1891). No se puede explotar a las personas. Corto y al pie.
Ante las nuevas “rerum novarum” que reactualizan conflictos viejos como el corazón humano, León XIV dice en su encíclica Magnifica humanitas: “El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común".
Estamos esperando la visita del Papa; auguramos que sus palabras durante este viaje van a dar esperanza a aquellos que ven decaer sus “horas de hombre”. Es de desear, también, que su prédica pueda tocar el corazón de los nuevos avaros que explotan (y el de quienes los favorecen desde el poder), para que se pueda construir una sociedad en la que, más allá de los diversos credos, todos podamos descubrir “que la vida es dura pero hermosa y que nos fue dada por un Dios bueno”.
*Sacerdote jesuita
Medio Publicado: La Voz del Interior
Temática: UCC
Autor/Redactor: Rafael Velasco
Fecha de Publicación: 10-10-2026