Publicado el 10-06-2026 en UCC
70 años: Celebramos con memoria agradecida
“Tratamos de seguir por el camino de quienes dedicaron su vida a hacer de la UCC un espacio de conocimiento y humanismo en el corazón de la Argentina”, dijo el rector, P. Andrés Aguerre S.J.
El pasado lunes 8 de junio celebramos los primeros 70 años de vida de nuestra Universidad Católica de Córdoba. La UCC, fundada el 8 de junio de 1956, es pionera entre las universidades privadas del país, gracias a la inquietud, el trabajo, la visión, la fe y el compromiso social de profesionales laicos y laicas que encontraron acompañamiento, discernimiento y organización en la Compañía de Jesús, la orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola y sus compañeros.
Celebramos este aniversario en comunidad, con memoria agradecida, alegría y esperanza. Lo hicimos con una celebración eucarística en la Iglesia de la Compañía, que presidió el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi S.J., y que concelebraron el obispo de Río Cuarto, monseñor Adolfo Uriona F.D.P.; el obispo auxiliar de Córdoba, Alejandro Musolino S.D.B., y toda la comunidad de jesuitas que acompañan, con distintas responsabilidades y de diversos modos, el caminar de nuestra Universidad, entre ellos, el padre Provincial de la Provincia Argentino-uruguaya de la Compañía de Jesús y vicecanciller de la UCC, Álvaro Pacheco S.J.; nuestro rector, el padre Andrés Aguerre S.J.; el vicerrector de la Comunidad universitaria, padre Pablo Lamarthée S.J., y el padre Andrés Swinnen S.J., exrector, quien representó a los religiosos que tuvieron la misma responsabilidad en estos 70 años.

Todas las autoridades académicas y de las áreas centrales de la Universidad, docentes y exdocentes, graduados/as, representantes de estudiantes y colaboradores/as participaron en la celebración en el histórico templo jesuita que pareció más embellecido aún por las entonaciones armoniosas de la música litúrgica que interpretó el Coro de la UCC.
“Las fechas importantes, los aniversarios -dijo, en el inicio de su homilía, el Cardenal Rossi- son una buena ocasión para agradecer lo mucho recibido, para recordar cuántas cosas hemos sido capaces de hacer con la gracia de Dios; una buena ocasión para mejorar nuestro modo de amar y servir, y para arrepentirnos, si fuera necesario, de no haber estado a la altura de lo que se esperaba de nosotros. Aprender del pasado es una manera de reconocer nuestro lugar en la historia de nuestro pueblo y en la historia de salvación”.
Trajo al presente la mirada de San Ignacio: “En la ‘Contemplación para alcanzar amor’, allí al final de los ejercicios, Ignacio nos invita al ‘conocimiento interno de tanto bien recibido para que yo, enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su Divina Majestad’ (E.E. 233). La conciencia de las muchas bendiciones recibidas lleva al auténtico servicio al Señor, pues el agradecimiento no se limita a los sentimientos y a las palabras, sino que también -y fundamentalmente- se expresa en hechos. No hay nada más exigente que el agradecimiento”.
Invitó a “recordar, para hacerse cargo de nuestra historia de familia, el modo de proceder, el modo propio de traducir el Evangelio, el modo de leer los signos de los tiempos, el modo de responder creativamente a las necesidades de la Iglesia y de nuestra tierra, dando respuesta académica y pastoral desde el Evangelio y desde la realidad de nuestro pueblo en este tiempo de aguas turbulentas que exige ciertamente coraje (parresía, una expresión que el papa Francisco usaba casi obsesivamente), parresía para el anuncio, porque en ese anuncio muchas veces se juega el pellejo. Hacer memoria ayuda a mantener viva la identidad y fortalecer la unidad y el sentido de pertenencia de sus miembros”, agregó el Cardenal jesuita.

Luego, añadió: “No se trata de hacer arqueología o de cultivar inútiles nostalgias, sino de recorrer el camino de las generaciones pasadas para redescubrir en él la chispa inspiradora, los ideales, los proyectos, los valores que los han impulsado partiendo de los fundadores, de las primeras comunidades, de los pioneros”.
El mensaje del Rector
Antes del final de la misa, nuestro Rector tomó la palabra para agradecer a las y los rectores de más de 30 universidades privadas que, como homenaje por el aniversario, concretaron el plenario del Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP) en nuestro Campus. Muchos de ellos compartieron la celebración de la misa.

El padre Aguerre también agradeció los miembros del Foro de Rectores de Córdoba, y destacó especialmente la presencia del rector y de la vicerrectora de la Universidad Nacional de Córdoba, John Boretto y Mariela Marchisio, quienes obsequiaron a la UCC un histórico croquis elaborado por el arquitecto y artista plástico Juan Kronfuss.

El Rector señaló, luego, que “no hay mejor forma de celebrar 70 años de vida que reunidos en torno a la mesa del agradecimiento, reconociendo que todo lo que somos y lo que hemos construido ha sido, ante todo, un don de Dios. Mirar siete décadas hacia atrás es hacer una memoria agradecida”. Y agregó: “Recordamos hoy a personas, hombres y mujeres, jesuitas, laicos que, en su momento, en 1956, soñaron con una universidad que uniera la más alta calidad científica con los valores del Evangelio. Hoy queremos honrar ese legado. Tratamos de seguir por el camino de aquellos que dedicaron su vida a hacer de la UCC un espacio de conocimiento y humanismo en el corazón de la Argentina”.
Tras señalar que “70 años después el compromiso sigue intacto, con el mismo entusiasmo, con las mismas ganas, con el mismo coraje”, enfatizó: “No entendemos la excelencia académica como un fin en sí mismo, ni como un pedestal de soberbia. Como nos enseña nuestra espiritualidad ignaciana el conocimiento es para servir. Formamos profesionales, sí, pero sobre todo tratamos de formar personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas con su realidad”.
Más tarde, el Rector reflexionó sobre los desafíos del presente y del futuro, y acerca de la vocación de la Católica: “En este mundo complejo y muchas veces fragmentado, como UCC queremos seguir siendo un espacio de diálogo entre la fe y la razón, donde se busque la verdad y se trabaje por la justicia. Los desafíos que tenemos por delante son enormes, el futuro nos exige innovación, audacia y una constante lectura de los signos de los tiempos. Trataremos de afrontarlos con la experiencia que nos da nuestra historia y la profundidad de nuestra identidad”.
Por último, realizó una exhortación: “Querida comunidad, nos toca seguir construyendo juntos los próximos capítulos de esta historia. Que Nuestra Señora de los Milagros, patrona de nuestra Universidad, siga guiando nuestros pasos, protegiendo a cada uno de los que formamos esta casa de estudios”.
Finalizada la misa, el festejo se trasladó al Edificio Centro “Juan Carlos Scannone S.J.”, donde se compartió un ágape, muchos recuerdos y emociones, el brindis y el saludo final.


