Publicado el 02-07-2026 en UCC - Posgrado
Influencers, fake news y el lado oscuro del like
Damián Pertile* analiza el nuevo ecosistema de comunicación donde patologías como la subinformación, desinformación e infoxicación dominan el escenario.
La difusión de la fake news que involucró al padre de Lionel Messi dejó en evidencia una crisis latente en el entorno digital: la urgencia de validar la información antes de compartirla.
Vivimos en una era de sobreabundancia informativa donde acumular datos no equivale a estar informados, sino que, por el contrario, la falta de filtros rigurosos facilita la circulación de mentiras que dañan la reputación y la dignidad de las personas. En este escenario, los creadores de contenido ocupan un lugar clave, ya que el problema central no es solo quién inventa la mentira, sino quién la multiplica de forma negligente.
Al replicar un contenido, el influencer no es un espectador neutro, sino que expande el alcance del mensaje y lo dota de una falsa credibilidad ante su comunidad, lo que abre el interrogante de cómo responde legalmente en Argentina al difundir difamaciones de terceros. Sostenemos que, debido a su enorme capacidad de amplificación y al impacto masivo de sus cuentas, estos actores digitales tienen un deber de diligencia y una responsabilidad civil muy superior a la de un usuario promedio.
El acontecimiento que da pie a este análisis es el escenario para poner de relieve la importancia del enfoque que proponemos desde nuestra Licenciatura en Comunicación Estratégica en la UCC, en la que no solo se busca desarrollar una formación académica en estrategias integrales, gestión de reputación, branding, inteligencia artificial y marketing digital, sino también impartir el correcto método periodístico y comunicacional. La propuesta apunta a que los y las profesionales tengan la capacidad crítica para distinguir lo real de lo ficticio, a través de diversas asignaturas, y un sólido enfoque teórico-práctico.
Asimismo, las nuevas formas de comunicar, las dinámicas de transmisión y los actores emergentes que intervienen en la circulación de los discursos exigen una mirada analítica; un desafío crucial que debe ser asumido con prioridad desde el ámbito académico y formativo.
El ecosistema de la comunicación ha cambiado drásticamente en comparación con los medios tradicionales, transformando la noción misma de noticia. Mientras que antes se concebía como la crónica de un hecho ya ocurrido y verificado, hoy se define por su sincronía en tiempo real. Los diarios impresos buscan profundidad, la radio aporta rapidez y la televisión se apoya en el impacto visual, pero internet ha eliminado por completo los límites de tiempo y espacio. Esta democratización tecnológica terminó con el filtro exclusivo del periodismo profesional, al punto de que más del 67% de la población mundial está conectada, coincidiendo con una caída constante en la confianza hacia los medios tradicionales. Al perder los periodistas el monopolio del relato, cualquier usuario de redes se convierte en un canal de difusión, transformando las plataformas en un terreno propenso para la desinformación masiva. En este contexto, el ordenamiento legal exige que la conducta de una persona sea proporcional al daño que puede prever, por lo que quien maneja una comunidad masiva con altos niveles de interacción no puede ser evaluado bajo la misma vara que un usuario común.
Anatomía de la "Infoxicación" Digital
El fenómeno de las noticias falsas es amplio y complejo, abarcando desde el error involuntario por falta de atención hasta la mentira planificada con fines económicos o políticos. En las redes conviven de manera constante el creador malicioso del engaño, el difusor negligente que no verifica y el usuario que comparte de buena fe por la confianza que le tiene a su fuente. La teoría de la comunicación identifica tres patologías actuales en este entorno: la subinformación por escasez de datos, la desinformación por falsedad intencionada y la infoxicación por saturación de datos irrelevantes. En medio de este ruido permanente, el público adopta una postura pasiva donde la credibilidad ya no se mide por la lógica del argumento, sino por la empatía, los prejuicios o la afinidad ideológica que se tiene con la figura pública que transmite el mensaje.
El Desafío de la Inteligencia Artificial Generativa
Esta infoxicación se ha vuelto todavía más sofisticada con la llegada de la Inteligencia Artificial generativa, que permite crear audios, imágenes y videos hiperrealistas que borran la línea entre lo real y lo simulado. Aunque tiene usos positivos en la educación y la cultura, su empleo malicioso facilita la manipulación de la opinión pública y destruye reputaciones en cuestión de minutos. Para proteger la dignidad humana, organismos como la Unesco han fijado pautas éticas orientadas a prevenir daños en el desarrollo tecnológico, reflejando una tendencia que también impacta en el ámbito local. En Argentina, el derecho civil ya no solo busca reparar el perjuicio causado, sino evitarlo, definiendo formalmente al daño como cualquier lesión a un derecho o interés no reprobado por la ley que afecte a la persona, su patrimonio o sus derechos colectivos. Hoy, las funciones preventiva y punitiva obligan a los ciudadanos a tomar medidas activas para evitar que un perjuicio se concrete o se siga expandiendo en el tiempo.
Para definir las responsabilidades legales correspondientes, es clave entender que un influencer no se define solo por su cantidad de seguidores, sino por su nivel de respuesta y compromiso con la audiencia. Lograr este estatus requiere habilidades específicas como competencia comunicativa, consistencia discursiva, especialización en una temática concreta y la capacidad probada para marcar tendencias de consumo o estética.
Exigir responsabilidad civil a los creadores de contenido masivos no limita la libertad de expresión, sino que eleva la calidad del debate público al penalizar el discurso irresponsable. Al gestionar su perfil de forma estratégica, el influencer actúa como un validador de contenidos ante su audiencia. Cuando comparte una falsedad que daña a un tercero, su rol deja de ser pasivo para convertirse en un acto de negligencia legal, justificado por su ventaja informativa y el enorme poder de daño que tiene frente al ciudadano común.
- Damián Pertile es docente de la Escuela de Posgrado en la Especialización de Dirección y Gestión de Organismos Judiciales y Jurídicos y la Especialización en Derecho Judicial y de la Judicatura. Profesor en la carrera de Abogacía, en la Lic. en Comunicación Estratégica y en la Diplomatura en Comunicación estratégica e Inteligencia Artificial de la UCC.