Publicado el 14-04-2026 en UCC

La paz y las diatribas de Trump contra el Papa

María Ana Aguirre, docente de nuestro Departamento de Formación Humanística, reflexiona, desde la fe, sobre los planteos y acciones del presidente norteamericano.

“La paz les dejo, mi paz les doy”, les dice Jesús a sus discípulos, según el Evangelio de Juan. Esta es, podemos decir, la paz de Jesús, quien en ese mismo texto agrega que “no es una paz como la da el mundo, no se inquieten ni se acobarden” (Jn 14,27). Es una paz en la que se abren las puertas del corazón humano a todos, a todas, una paz que no teme a la verdad que libera, una paz para la humanidad sin distinción de razas, pueblos, ni fronteras.

Es bueno hacer memoria de las palabras de Jesús y su llamada insistente a sus seguidores, para que seamos artífices de paz allá donde nos encontremos.

Por eso, ante algunas de las palabras que profirió el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra el papa León XIV, a quien llamó “débil”, entre otras cosas, es necesario advertir que el líder de la Iglesia Católica está actuando con absoluta fortaleza de espíritu al defender a los más vulnerables y a quienes sufren las consecuencias de una guerra que bajo ningún concepto puede ser considerada una “guerra santa”.

Así está hablando el pastor que lidera a la Iglesia católica que, como él mismo afirmó en sus recientes declaraciones, no tiene miedo de hablar en nombre de Jesús y del Evangelio que predica. La respuesta de León XIV cuando llegó a Argelia para iniciar una gira por África fue la siguiente: “Las cosas que yo digo no tienen por qué ser entendidas como un ataque a nadie. El mensaje del evangelio es muy claro: ‘bienaventurados los que construyen la paz’”.

El Papa se diferenció así del juego político del presidente Trump, al responderle: “No somos políticos, no nos ocupamos de política internacional con la misma perspectiva que él (Donald Trump) pueda tener. Yo creo en el mensaje del evangelio que es el del construir la paz”.

No hay ningún motivo para que un ser humano se adueñe de la vida de otro ser humano. Los cristianos bajo ningún concepto podemos adueñarnos de las enseñanzas de Jesús, por ejemplo, sacando los textos bíblicos de su contexto histórico, literario o teológico. Porque pueden venir a la memoria textos en los que Jesús confronta, por ejemplo, a quienes hacían del templo de Jerusalén un lugar de comercio. A los textos hay que leerlos e interpretarlos teniendo en cuenta sus contextos.

En el caso de la reprimenda de Jesús a “los mercaderes del templo”, que algunas personas ponen como ejemplo del “enojo” o la “violencia” de Jesús para justificar todas las violencias, incluso la de la guerra, está claro que el contexto estaba determinado por la crisis de una práctica religiosa (en este caso el del judaísmo) que había perdido el centro religioso y espiritual, convirtiendo un lugar sagrado en un espacio para negocios, caprichos o necesidades. Esa reprimenda de Jesús no tiene ningún paralelismo con la violencia que se pretende justificar hoy.

Por eso defendemos como cristianos el Evangelio de Jesús, la buena noticia del Reino de Dios (que no es la del “reino de David” que esperaban instaurar). El Reino de Dios es la persona de Jesús, el artífice de la paz, Aquél que vino a enseñarnos que Dios es Padre y es de todos. Fuera de esto, todo lo demás que se pretenda defender en nombre de Dios es una falacia. Y, como dice el texto bíblico, “el que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso y la verdad no está en él” (1 Jn 2,4).

Estemos atentos para no dejarnos engañar con tratados de paz en los que los hijos de Dios seguirán padeciendo. Por eso, podemos decir “¡gracias papa León por tu valentía, al recordarnos el camino de la paz que trajo Jesús!”