Publicado el 09-03-2026 en UCC
Un asteroide lleva el nombre José Funes S.J.
Nuestro docente e investigador fue director del Observatorio Astronómico Vaticano entre 2006 y 2015 y en esta nota habla del reconocimiento y sus actuales proyectos.
Para mirar las estrellas y buscar nuevos mundos hace falta rigor científico, pero para entender qué significan esos descubrimientos para la humanidad hace falta además una profunda vocación humana. En esa intersección se desarrolla el trabajo de investigación de José Funes S.J. quien fuera director del Observatorio Astronómico Vaticano durante casi una década. Hoy tiene un asteroide orbitando en el espacio con su nombre y camina los pasillos de nuestra Universidad en la que es docente e investigador y se prepara para abordar la temática de los desafíos del lenguaje.
Funes es especialista en investigación extra galáctica y durante su mandato al frente del Observatorio Vaticano, siguió el traslado desde la sede central del Observatorio del Palacio Pontificio a los nuevos espacios, reforzando la actividad científica y promoviendo con compromiso el diálogo entre la fe y la ciencia.
En nuestra Universidad estudió las implicancias científicas, filosóficas y religiosas vinculadas a la búsqueda de otros mundos, con especial atención al impacto antropológico que supondría el eventual descubrimiento de vida extraterrestre.
Conversamos con él sobre este reciente reconocimiento internacional, su trabajo como investigador y su mirada sobre la ciencia.
La Unión Astronómica Internacional designó dos asteroides con el nombre de jesuitas vinculados al Observatorio Vaticano. Uno de ellos descubierto en 2012, lleva su nombre (824655) Funes = 2017 DG71. ¿Qué significado personal y profesional tiene para usted este reconocimiento?
–Este reconocimiento me llena de satisfacción y de alegría porque significa que el trabajo realizado sirve para los demás y también se hace con los demás. En mi caso quiero destacar a mucha gente que me acompañó para llegar a este punto de mi carrera. En primer lugar, doy gracias a Dios, y también a mis padres, que cuando era adolescente me animaron a estudiar Astronomía, a quienes también fueron mis profesores y compañeros en la Universidad Nacional de Córdoba, donde estudié la carrera, y también, por supuesto, a los jesuitas que me acompañaron y me destinaron a esta misión de ser astrónomo y de dirigir el Observatorio Vaticano. Lo debo a todas estas personas, y a otras que ahora se me escapa poder mencionar.
¿Cuáles son hoy los temas más cruciales y las preguntas que a su parecer enfrenta la astronomía?
–Me parece que en este momento de la historia de la astronomía uno de los desafíos principales es seguir descubriendo exoplanetas, es decir, planetas que giran alrededor de otras estrellas semejantes a nuestro sol, especialmente aquellos que son parecidos a la tierra porque en algún momento es posible que podamos encontrar signos de vida de civilización, o marcadores tecnológicos y eso abriría seguramente a un montón de desafíos, a pensar la vida extraterrestre y todas las implicaciones filosóficas y teológicas que esto conlleva.
¿Cómo ve actualmente el panorama de la ciencia en Argentina y el mundo?
–En la actualidad veo como desafío que la ciencia, y los científicos son puestos en tela de juicio. Basta pensar que hay muchas personas que se consideran terraplanistas, es decir, que piensan que la tierra es plana. Esto atrasa milenios y es imposible que, a esta altura del desarrollo de la tecnología, en tiempo de la inteligencia artificial, todavía haya gente que piense que la tierra es plana. Internet tiene muchas ventajas, sirve para difundir los conocimientos, pero también tiene la dificultad de que a veces pone al mismo nivel una persona que ha dedicado su vida a un determinado tema o a la ciencia con otra que simplemente tiene muchos seguidores y que se dedica a desautorizar sin fundamentos.
De esta forma se desvaloriza la preparación, el trabajo, el esfuerzo que significa estudiar y pareciera que todo da lo mismo. Creo que este es un desafío que tenemos hoy y el único modo de superarlo y de ayudar a las personas en el tiempo de la inteligencia artificial, es justamente la educación.
Los que somos docentes tenemos la gran tarea de educar en un pensamiento crítico, un pensamiento que sepa entender qué es lo que hay detrás de la inteligencia artificial y sus potencialidades y también las dificultades, sobre todo desde el punto de vista ético.
¿Podría resumir brevemente las líneas de investigación que desarrolló hasta ahora en la UCC?
–El último proyecto que dirigí y que concluyó el año pasado habla sobre el futuro de la humanidad. Sus conclusiones se recopilaron en el libro que publicamos con la editorial de la de la UCC, y que tiene como título Pensar el futuro de la humanidad, una visión poliédrica. Es un trabajo interdisciplinar que trata de temas que van desde inteligencia artificial, el derecho, la medicina, en estos tiempos desafiantes reuniendo un pensamiento filosófico y teológico.
¿Cuál es la línea que trabajará el equipo que usted dirige en el próximo período?
–El proyecto que iniciamos este año trata de investigar los grandes modelos del lenguaje como ChatGPT, Claude, Gemini, entre otros. Todos estos modelos que tienen un impacto enorme en la humanidad. Entonces, desde una perspectiva filosófica y teológica, queremos entender cómo eso modifica nuestra concepción antropológica. El Papa León XIV se interesa mucho en estos temas y lo ha manifestado en distintos documentos, así como lo hizo el Papa Francisco en su momento. En el fondo se trata de la cuestión antropológica: qué entendemos por ser humano y qué significa, y cuáles son los desafíos que esto presenta. Estos son los desafíos que vamos a encarar este año con nuestro equipo.

¿Qué consejo daría a los y las estudiantes que quieren dedicarse a la investigación científica?
–A los jóvenes les diría que vale la pena hacer ciencia, aunque claramente significa esfuerzo y a veces no tiene una gratificación inmediata, sino que requiere paciencia y tiempo. Muchas veces los resultados no se dan como uno espera, pero esto también te forma y es valioso.
Vale la pena pensar críticamente, y creo que esto se necesita en estos tiempos: entender los desafíos y también tener una concepción del ser humano que nos ayude a colocarlos en un marco más amplio. Entender que el estudio no se termina solo alcanzando un grado académico, sino que estamos al servicio de los demás. Entonces, la ciencia también se puede entender como servicio y vale la pena dedicarse a investigar, cada uno de acuerdo a sus intereses, y su vocación.